DESÁTAME (243)

Quiero que cortes las cuerdas
que sujetan mis alas.
Quiero que me enseñes
cómo volver a volar.


Quiero que sueltes mis cadenas
esas que ya me aprietan.
Quiero que me enseñes
a volver a caminar.


Quiero que quites las vendas
que cubren mis ojos.
Quiero que me enseñes a ver
el mundo como tú lo ves.

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Quiero que quites la mordaza
que cierra mis labios.
Quiero que me enseñes a hablar
como tú lo haces al amar.


Quiero que quites las cadenas
que cierran mi puerta.
Quiero que me abras la tuya
y que me dejes entrar.

Ana M. Quintana

DERRAMAR LA TINTA (242)

Quiero escribir cada poesía en tu cuerpo,
que cada letra se mezcle con tu piel
y que la tinta recorra cada uno de tus poros,
para que sientas en ellos mis manos.


Derramar la tinta de mi bolígrafo
en cada una de las poesías,
para que así las sientas tuyas
y no las puedas borrar.

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De bolígrafo usaré mis dedos,
para que sientas cuánto te quiero.
Que con cada dedo llegue a un extremo
y después las enmarque con un beso.

Ana M. Quintana

EL AMOR DE MI VIDA (233)

Te dije que te haría el amor,
pero el de mi vida.
Con caricias que lleguen al alma
con besos que te halagan.

Con palabras que te distraigan
mientras que nuestra charla
poco a poco nos lleve al alba.

Con cada una de las palabras

que te digo al oído
aunque se oyen a gritos.
Con cada balada
que bailan nuestras miradas.

Te dije que te haría el amor
y tú pensaste en sexo,
mientras yo te hacía
el amor de mi vida.

Ana M. Quintana

HAGAMOS (230)

Hagamos que las estrellas
quieran salir por el día
y que no se escondan por la noche.

Hagamos una hoguera
en el medio del hielo
y que se derrita ante nosotros
hasta el último glaciar.

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Déjame por un momento
solo el aire de tu cuerpo,
que con el sabor de tus labios
llenemos nuestros cuerpos.

Hagamos cientos de locuras,
juguemos piel con piel
hasta que llegue un nuevo amanecer.
Que el sol nos interrumpa
cuando estemos llenos de placer.

Ana M. Quintana

SUFRIR SIN SENTIDO (228)

Fuego intenso que quema,
brisa del mar entre la gente.
Luna que se apaga en la noche
viendo tu cuerpo resplandecer.

Querer vivir sin agua
cuando tienes sed.
Querer vivir sin alma
porque te la han robado.

Sufrir sin sentido por un amor
que no está, que se ha escapado.
Que entre las sombras del anochecer
te dejó sin un solo suspiro.

Quemarte en un fuego
que se ha apagado,
quedarse en una esquina
sin un mínimo consuelo.

Apagarse poco a poco
sin un consuelo a tu lado,
Derrumbarse como pared
de casa abandonada.

Sentimientos que duelen
sin ser calmados con nada.
Lágrimas de una mirada apagada
pidiendo que se la llevaran.

Ana M. Quintana

NO ESTABA SOLA (219)

Miraba a las calles,
pero éstas estaban vacías.
Solo se escuchaba el murmullo
de los pájaros en aquel día.



Una brisa movía su pelo
cuando asomaba a su balcón,
para observar que el único sonido
era el de aquella naturaleza
que sonaba con pasión.

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Sabía que no estaba sola,
pero no los podía ver.
En la distancia sabía apreciar
aquellos corazones
que siempre la iban a amar
y que aunque hubiera distancia
siempre iba a saber dónde están.

Porque, unidos o separados,
el cariño ahí siempre estará.
No le temas a lo que pasa,
porque alguien siempre ahí estará,
para quererte o amarte,
y para que nunca sientas soledad.

Ana M. Quintana

VOLVEREMOS (214)

Ilusiones desbordadas
en ocasiones contadas,
buenos momentos con amigos
en nuestras rutinas diarias.

Un café en el bar de siempre
donde es un amigo
quien nos atiende.
Unas cervezas en la barra
para terminar la semana.

Hoy nos vamos de vacaciones
a descubrir nuevos rincones.
Esos veranos en la playa
donde hacemos lo que nos la gana.

Vamos a comer a casa de mamá
a ver que nos va a preparar,
mientras charlamos con papá
sentados en el sofá.

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Una charla a nuestros hijos
que nos miran todos fijos,
para que no nos demos cuenta
que no escucharon ni una letra.

Cuando volverán aquellos tiempos
en que nos quejamos
de que siempre era la misma rutina.
Cuando volverán aquellos tiempos
que hoy sentimos tan lejos,
pensando en nuestras ventanas
mientras esperamos a ver que pasa.



Aquello si que era vida
y no como le llamábamos
a la dichosa rutina.
Aquellos eran buenos tiempos
que hoy se los lleva el viento.



Ana M. Quintana