Sombra furtiva
que te hamacas entre las ramas
de aquel viejo paraíso que tengo enfrente,
y que no reconozco de no ser por tus besos.

Tu presencia me acaricia el alma,
aunque siempre te vas, inesperadamente,
escapando de mí por evitar lo inevitable.

Entonces es lo mismo,
vuelta a empezar,
una y otra vez,
con la vieja soledad a cuesta.

Fuente de la imagen

Como las sombras del atardecer tardío
apareces de golpe,
sin aviso,
pateando el tablero imaginario,
construído a duras penas en algún sueño inconcluso,
de castillos de naipes volteado por los vientos.

Atraparte y retenerte se convierte en obsesión.
Abrazarte y amarte hasta el hartazgo,
es lo único que cuenta,
luego dejarte y soltarte a volar,
libremente,
a cielo abierto,
disfrutando la libertad,
más allá de mí,
más allá de todo…

Siempre supe
que un pájaro enjaulado
no canta:
Llora…

DANIEL OMAR GRANDA

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