En sus referencias iniciales, ya nos dice qué va a encontrar el lector en la novela. Entre otras referencias, toma la de Rafael García Serrano de su libro: La fiel infantería; donde dice: “Entender el idioma del enemigo, hablar la misma lengua de los que matan, de los que tienes que matar, es un suplicio que deprime como si una montaña cayese en los hombro. Un hombre que dice como nosotros novia y amigo, árbol y camarada. Que se alegra con las mismas palabras y jura también con las palabras que juras tú. Que iría a tu lado, bajo tu bandera, cargando sobre gentes extrañas”.

         Y esto es absolutamente cierto y comprobable en esta admirable novela de Arturo Pérez Reverte, sobre el brillante relato “real y ficticio” del inicio de la batalla del Ebro, donde 2.890 hombres y 18 mujeres de la IX Brigada Mixta del ejército de la República cruzaron el río para establecer la cabeza de puente de Castellets del Segre, donde combatieron durante diez días.

         La batalla del Ebro, que causó más de veinte mil muertos nacionales y republicanos, fue la más dura y sangrienta de cuantas se han librado en suelo español, y sobre ella hay abundante documentación, partes de guerra y testimonios directos. Con todo eso, (nos dice su autor) combinando hechos reales, rigor, invención y algunos recuerdos personales y familiares, él ha construido esta novela.

         Realmente atrapadora y brillante. Pero hay un diálogo imperdible en las páginas 577/78 entre dos corresponsales de guerra –un inglés (Tabb y la única cronista mujer y norteamericana, Vivian).

         – Dice Tabb Lo cortaremos a tajo parejo. (Refiriéndose a la inmerecida derrota y algunas que otra traiciones). Tiene sentido.

         – Sí. Desde tu óptica, por supuesto que lo tiene. Pero no veo en eso democracia por ninguna parte.

Se calla el Inglés, ocupado con una ramita seca en desprender el barro adherido a sus mugrientas botas de ante.

         – Y sin embargo, son gente maravillosa –dice Vivian.

         – Lo son –acuerda Tabb- Por eso duele verlos luchar y morir de esta manera. Tan bárbaramente inocentes, tan orgullosos.

         – A veces pienso que los españoles son los único lúcidos –dice Tabb- Comprenden que lo práctico de una guerra civil es que uno sabe a quién mata. Por eso no se han doblegado, no  transigen y luchan la batalla que otros no se atreven a dar o no creen necesaria… Dan una lección a un mundo al que no parece importar que la biblia del futuro sea Mein Kampf. Por eso, con todos sus defectos y desastres, admiro tanto a estos analfabetos, orgullosos, desorientados, irreductibles hijos de puta.

Fuente de la imagen

Mira un momento a Vivian, inclina la cabeza y empieza a escribir…

Realmente una novela brillante y conmovedora donde “combinando de forma magistral la ficción, con datos históricos y testimonios personales, Arturo Pérez-Reverte sitúa al lector, con sobrecogedor realismo, entre quienes, voluntarios o a la fuerza, lucharon en los frentes de batalla de la Guerra Civil. Pero ésta no es una novela sobre la Guerra Civil, sino sobre los hombres y mujeres que combatieron en ella”.

Sin lugar a dudas, resurgió en mi memoria aquellos hermosos versos del poeta Antonio Machado: “Españolito que vienes, al mundo te guarde dios. Una de las dos España ha de helarte el corazón…

DANIEL OMAR GRANDA

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