ERRANTE (234)

Miles de almas caminan al son, sin mirarse a los ojos, sin verdad ni perdón.
Lo hacen guiados por una canción que entonan sin voz ni dolor.
Pero un alma se gira entre todas, y de su pecho no sale esa canción,
y sin poder explicar cúando ni cómo, brota de sus labios una exclamación: !no!

Nadie se para, nadie le escucha. Nadie le sigue, nadie le ve.
Mas se da la vuelta y camina al revés mirando las almas que se cruzan con él.
En este infierno no hay rabia o dolor, no hay rabia ni fuego, ni frío ni calor.
Solamente se oye una canción que las almas entonan sin voz ni dolor.

Y, el alma que de ellas se alejaba,
no sabía lo que se iba a encontrar.
Mientras los corderos se iban
él llegaba a la libertad…

Fuente de la imagen

Pero en este cielo que llamó libertad solo encontró angustia y dolor.
Al ver a otras almas avanzar hacia el mal y no poder hacer nada para acabar.
Entre cielo e infierno y tanto dolor se encontró con otro mundo donde acabar.
Donde buenos y malos habitan sin temor y errante esta alma allí se quedó.

Y, el alma que de ellas se alejaba,
no sabía lo que se iba a encontrar.
Mientras los corderos se iban
él llegaba a la libertad…

Lo más fácil es seguir la corriente.
Lo más difícil es ir contra ella.
Todas las acciones tienen consecuencia.
Para ti, ésta, será buena…

***Rodrigo Lorenzo Cueva***

*Para mi amigo, Miguel Granda Cué. Que ni la misma corriente te indique el camino a seguir. (Agosto de 1998)

FRÁGIL [VERSIÓN ORIGINAL] (231)

Miénteme.
Me arropaste con el frío
de la soledad,
demostrando con torpeza
tu fragilidad.

¿Y, si a la vuelta de la esquina,
tus pies se paran
encontrando su final?

Supiste que,
si desviando tu mirada
hasta entretenernos,
éramos verdaderos pioneros
de todo cuánto supimos.

¿Y, si a la vuelta de la esquina,
tus pies se paran
encontrando su final?

Ya no volverás a demostrar
que aún te queda mucho por hacer.
Sutil, incauta y con dulzura.
Sabrás que en sueños fuiste mía.

Fuente de la imagen


No queda nada por lo que luchar.
Atormentado sin saber qué hacer.
Distante, inerte y aire a locura.
Sabrás que en sueños fuiste mía.

Frágil,
si ahora te sientes frágil.
Y grita,
si ahora te sientes frágil.

Frágil,
si ahora te sientes frágil.
Y grita,
si ahora te sientes frágil.
Cuando toques de nuevo fondo
vuelves conmigo a saltar…

¿Y, si a la vuelta de la esquina,
tus pies se paran
encontrando su final?

*ICARO©

QUIEN TE QUIERE NO REGRESA [NUNCA SE VA] (222)

Echo de menos oir su voz,
sus murmullos de silencio y dolor.
Entre las sábanas su aroma al otro lado del colchón.
Sé que no me partirá el corazón,
aunque no pueda controlar la situación.
Encontrarnos fue el motivo que nos enamoró.

Si he de ser tan sincero
me preocupaban sus desvelos.
Cada mañana me despertaba con sus besos.
Me iba acercando al cielo
y retándome como en duelo
a ser parte de una vida que nos enfrentaba al miedo.

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No sé si me comprenderá
el mañana es un día más.
El futuro se construye sin dejar de caminar.
Lo mejor está por llegar.
Busca tu sitio, un lugar.
Echa raíces donde otras no pudieron ni brotar.

Tras la calma, tempestad.
Hoy la lluvia tampoco cesará.
El destino es quien nos une y nos podrá separar.
Si lo dicen es que es verdad
y, si me quiere, no se irá.
Quien te ama nunca piensa en regresar.

Echo de menos sus sonrisas,
su amargura y sus desdichas.
Esas noches de invierno abrigándome de caricias.
Evadirnos donde siempre prometía,
donde la noche se veía tan distinta,
dejando que alguna estrella nos hiciese de guía.

El futuro se construye sin dejar de caminar…

*ICARO©

TODO LO QUE QUIERES [TODO LO QUE BUSCAS] (221)

Cuando el corazón te escribe dando por muerto este amor,
son las dudas. Ellas reviven…
Cuando el viento te aconseja arrastrando con pena tu voz,
alguna estrella se te apaga…

Todo lo que quieres está a tu lado.
Todo lo que buscas está cerca de ti.

Si ofreces amistad al que va pidiendo amor
es como ir dando pan al que va muriendo de sed.
Si buscas alegría, desgracias no me pidas.
A la sombra de tu vida mil lágrimas perdidas.
Mientras brilla el sol hay un fugaz instante…

Cuando el sueño se desvanece y la tragedia nos cambia,
el aroma siempre permanece.
Ahora que el silencio es una tumba y tu ausencia mi cruz,
la esencia es la que perdura.

Fuente de la imagen

Todo lo que quieres está a tu lado.
Todo lo que buscas está cerca de ti.

Si ofreces amistad al que va pidiendo amor
es como ir dando pan al que va muriendo de sed.
Si buscas alegría, desgracias no me pidas.
A la sombra de tu vida mil lágrimas perdidas.
Mientras brilla el sol hay un fugaz instante…

No intentes nada sin antes imaginarlo…

Todo lo que quieres está a tu lado.
Todo lo que buscas está cerca de ti.

Si ofreces amistad al que va pidiendo amor
es como ir dando pan al que va muriendo de sed.
Si buscas alegría, desgracias no me pidas.
A la sombra de tu vida mil lágrimas perdidas.
Mientras brilla el sol hay un fugaz instante…

*ICARO©

JONY (206)

Quizá esta no sea una historia cualquiera. Es algo más que una heroicidad escrita sobre un papel. Algo más que un sacrificio marcado a fuego. Solamente podemos llamarlo: “ganas de vivir”. Auténticas ganas de darle la vuelta a la última partida contra la muerte y derrocarla. Qué os puedo contar sobre el hecho de ir al hospital por alguna dolencia y salir de allí con un informe que dice claramente que, en palabras que todos entendamos, somos portadores de algún tipo de cáncer. No puedo imaginarme lo que se te puede venir a la cabeza en esos momentos. Tampoco lo que puede sentir tu familia. Supongo que es un dolor indescriptible, un peso que hace que tu cuerpo no reaccione, una serie de pensamientos que no pueden llevarse a cabo porque la vida sigue y no es momento de que nuestras fuerzas flaqueen.

En líneas generales, pienso mucho en cierta persona que, a pesar de detectarle leucemia, siguió con su vida, por mucho que ésta le estuviese ahogando. Él ha sido uno de mis mejores amigos. Ese tipo de amigos que cuentas con los dedos de una mano. Ese que siempre es el primero al que cuentas. Él influyó mucho en todo lo que llevo escrito desde que murió. Falleció en 2001, dos días antes de la destrucción de las vidas de miles de personas, de sueños por alcanzar, de romperse familias. Dos días antes de caer las Torres Gemelas.

Recuerdo aquel día como si hubiese sido ayer. Un 9 de Septiembre de 2001 comenzaba para mi una nueva andadura, un trabajo fuera de mi hogar, de “la mi tierrina”. Mi estancia en Madrid durante unos años no empezaba nada bien. Con apenas 21 años, nos dejaba. Aquella noticia me hundió bastante y, es a día de hoy, que aún sigo recordándole muy a menudo. !Cómo no!. Personas así, cuesta muchísimo olvidarlas.

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Poco antes de su muerte, consiguió reunir a varios de sus mejores amigos. Un sábado de noche salimos cuatro amigos a tomar algo y distraerle un poco de su penuria. A pesar de sacar fuerzas de donde no quedaba nada, él quería intentar disfrutar un poco charlando y riéndose con nosotros. La verdad que, viendo cómo estaba ya, poca era la gracia que podíamos infundirle. Era un sábado noche muy amargo, pero íbamos a hacer todo lo posible para cambiarle los planes y, al menos, intentar pasárnoslo lo mejor posible. No hacía muchos días que había salido del hospital después de estar varios meses ingresado. La enfermedad estaba haciendo bastante mella en él. Si no recuerdo mal fueron casi 6 meses allí encerrado y bastante aislado sin poder ver más que a algún familiar.

La cuestión es que, días después de salir del hospital y reunirnos, conseguimos estar juntos, aunque pocos, pero animarle y divertirnos con él por las calles del Antiguo de Oviedo. Le llevábamos casi en volandas porque apenas podía mantenerse en pie. Su piel, a pesar de ser casi de noche se tornaba amarillenta. Los rasgos de la cara eran de un moribundo y ya casi no tenía pelo en la cabeza, ni apenas cejas, barba, pestañas… Era una especie de cadáver andante. Recuerdo que la gente nos miraba sin cesar. Éramos todo un espectáculo por las calles ovetenses. Parecía que pronosticaba ser su mejor noche durante aquel calvario.

Para los más veteranos del municipio, seguro que recuerdan un pub clásico llamado “El Equilibrio”, muy cerquita del Conservatorio de Música. Allí había, y creo que aún sigue habiendo, un pequeño parque cercado por un bordillo bastante alto, donde la gente solía sentarse a tomar sus copas, sus cervezas o hacer el típico botellón. Un tiempo en que no había tantas prohibiciones de salir fuera del local con las consumiciones. Está claro que hablamos de otros tiempos. Aunque parezcan tan lejanos.

Eran poco más de las dos de la madrugada y, mientras dos del grupo iban a pedir a la barra, yo me quedé unos instantes con él. No paraba de mirarle. Me asustaba, entre comillas, su aspecto. Le dije que no le veía nada bien. Ni por asomo le veía un ápice de sentir algo bueno en su cuerpo. Le pregunté el porqué de querer salir con nosotros aquella noche. Había cosas que no me cuadraban. Mirándome fijamente, con voz temblorosa y empezando a derramar las primeras lágrimas por sus mejillas, me dijo:

“Siento como mis fuerzas me están abandonando por completo. No es que desista de seguir luchando, es que ya no puedo aguantar más. Y está claro que no es para demostraros lo bien que estoy. Salta a la vista que ya estoy más muerto que vivo. Si estoy hoy aquí, es para poder despedirme de vosotros, como os prometí. Os dije que siempre hay tiempo para la despedida. Solamente os pido una cosa, que no me olvidéis. Te lo digo a ti, que sé que lo vas a poder cumplir. Una vez me dijiste que era como tu Icaro personal, un luchador incansable por seguir libre y evadir la muerte cada día. Ojalá, aunque creo que lo conseguirás, que me puedas dedicar una canción. Tengo un sueño que creo que comparto contigo. Haz lo posible para hacerlo realidad, por favor”.

Concluyó diciéndome:

“No te pido nada más. Me siento orgulloso de haberte conocido y no le digas nada a los demás. Sinceramente, la gente que te conoce, o te tienen como amigo o es mejor que no te hayan conocido. Gracias por todo“.

Como consejo, no dejemos nunca de decir un “te quiero”, un “te amo” o un “te aprecio”, ya sea a nuestros amigos o amigas, a nuestros padres, a nuestras familias. Como dice la canción: “hoy estamos aquí, pero mañana quién sabe”. La vida dura tan sólo lo que esté escrita. ¡Nadie lo sabe!.

Jamás te podremos olvidar, Jony. Que la tierra te sea leve.

*A la memoria de Jonathan Rosado Rancaño (DEP)

*ICARO©

PEQUEÑO GRAN TESORO (202)

Te miro y me miras. Sonríes y yo también sonrío. Veo en tus ojos lágrimas, mezcla de risas y sollozos. Ya no eres una niña. Despierta, mi vida. Saltabas, jugabas, sentada sobre mis rodillas.

Recuerdo que decías, que si tu sueño se cumpliera, serías princesa de un cuento de hadas por un sólo día. Apenas tres años tenías. Tranquila dormías, sabiendo que por ti todo haría.

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Y, al caer la tarde, caías rendida en mis brazos y, sobre mis piernas, te quedabas dormida, tan dulce, tan pequeñita. Cerrabas los ojos y apretabas mi mano, sólo el tiempo es quien accede a enseñarnos.

Te miro… y me miras. Sonríes y yo también sonrío.

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MADRE (201)

He pasado por todo en esta vida. Sufriò mi alma y aùn te siento viva. Quiero seguir y no quedarme atràs, aunque sean duras las secuelas que dejan las huellas del llorar.

Contigo se cierra el libro de sueños y sus pàginas se empeñan en ocultar mis miedos. Miro siempre hacia adelante, porque todo es caminar, por muy duras que sean las huellas del llorar.

Duerme tranquila que por ti velarè, aunque las noches sean amargas y me mantengan en pie. Nunca estaré preparado para afrontarlo. Son duras las secuelas que dejan las huellas del llorar.

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Nunca renuncié a nada, nisiquiera a mi propia religiòn. Me diste la vida y no puedes darme nada màs. Sólo me quedan las huellas del llorar.

Serás siempre mi ùnico Dios y, saber que en ti tan sòlo habìa amor, hacen duras las noches, en mi triste caminar, hacen eternas tus caricias y las huellas del llorar…

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*Adaptación de “Las huellas del llorar”. Sobran las palabras si decimos que: “madre, solamente hay una”.

AFRONTA EL MIEDO (200)

Búscame cada noche para colmarme de susurros, de palabras que ensordezcan, de miradas traviesas que divaguen en la oscuridad. Acaríciame el pelo y bésame la frente. Cuéntame historias que no tengan final.

Si me ves caer no te preocupes. No me levantes del suelo. Soy como el sol que se hunde al atardecer y, al día siguiente, vuelve a nacer. Acurrúcate junto a mi y calma mis miedos. Dime con recelo que todo ésto acabará.

Cuéntame historias tristes para hacer más fuertes mis sonrisas pues no dudo de lo lejos que aún estoy por llegar. Me echo a dormir con miles de sueños y vuelvo a despertar con millones de oportunidades.

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Soy como el ave que busca su jaula, sin saber que ésta, está muy dentro de mi. Si me desvelas, mi amor, la luz se apaga sola. Encontrarás la verdadera sensación de vivir si decides bailar conmigo bajo la torrencial lluvia.

Ahuyenta mi soledad y destruye mi fragilidad. No tengo, ni quiero, fuerzas para rendirme. Conozco muchas maneras de no rendir cuentas a los demás y la mejor siempre ha sido continuar sin esperar nada de nadie.

Moriré con recuerdos pero nunca con sueños. Me aleja más la hipocresía de los demás que la propia distancia. Todo lo bueno empieza de nuevo si voy cerrando heridas.

Afronto un mal momento pero eso no significa que sea mi final…

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NADIE MUERE HASTA QUE NO SE LE OLVIDA (173)

Seguro que a más de uno le recuerda a algo esta historia. Todos teníamos a alguien a quien la vida se le truncó demasiado joven. Quizá demasiado joven. La vida nunca te dice cuándo tiende a concluir. Llevaba ya dos semanas ingresada en estado crítico. Un amago de infarto y un despiste médico, le habían hecho caer en coma durante unos 10 minutos.

Recuerdo que podíamos asistir a verla tan sólo 5 minutos, de 11 a 12 horas de la mañana. Por la tarde, entre las 18 y 19 horas, teníamos otro intento de amenizar nuestros sufrimientos, viéndola otro instante. Así íbamos entrando en la sala de uno en uno. Le rodeaban multitud de gomas, cables y aparatos médicos. Dos enfermeras custodiaban su cama y, a sus pies, distaba un destello tímido de luz, donde su mirada quedaba fija durante largos y eternos segundos. Extendía su mano con la certeza de que encontraría a su paso la mía. La tenía fría y temblorosa. Los ojos llorosos y los labios secos. Su mirada le delataba por momentos. Se perdía en la inmensidad de su naufragio. Sus palabras me relajaban, intentando creer que llegaría el final de aquel sufrimiento. Tenía profundas lagunas en su memoria. Era capaz de acordarse perfectamente de detalles de los que hacía años que no salían a la luz. En cambio, a veces se dejaba llevar por la espesura en su cabeza y deslucía frases sin sentido. Esos minutos diarios, llegaban pronto a su fin. Apenas daba tiempo a esbozar una delicada y tersa sonrisa o a dejarnos deslizar alguna pequeña lágrima por nuestras mejillas. Si algo pensaba, era que ella iba cogiendo fuerzas y muy pronto saldría de aquella sala de hospital. Cada segundo era crítico, tenso e impalpable. No tenían final. Las horas pasaban, los días… ajenos a aquella tempestad. La angustia entumecía mi cuerpo y relajaba mis sentidos hasta el punto de dormirme acunado por el silencio. Esa noche tuve un presentimiento que me impediría conciliar el sueño. Tumbado en la cama, no dejaba de pensar en algo que intentaba taladrarme la cabeza, que me ahoga. Mi respiración era débil y pausada. Entrecortada por gemidos de dolor que intuían lo peor. Cerraba los ojos y todo a mi alrededor se teñía de oscuridad. Gritos y llantos montados en cólera, surgían entre las sombras. Mis ojos intentaban centrarse en un punto y vislumbrar algún haz de luz, pero en vano, se cegaban por la impotencia de no poder ver ni hacer nada. Las voces en mi mente me perturbaban y tuvo que ser la música la que apaciguara ese momento. De repente, la luz de mi habitación se encendió. Abriendo los ojos poco a poco, para acostumbrarme a la luz, pude distinguir rápidamente una persona que me hacía una señal con la mano, como diciéndome: !!!Vamos!!!.

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Acababan de llamar del hospital con la excusa de que ella había empeorado. Nadie se creía aquello, pero nos temíamos lo peor. Uno a uno fuimos llamando al resto. En aquella fría y gélida sala de hospital nos reuníamos todos. Eran cerca de las 2 de la madrugada. Con su cuerpo presente frente a nosotros, nuestras manos se unían en un gesto de desesperación. Había llegado el momento y, a pesar de tenerlo todos preparado para cuando llegase, nos habíamos quedado petrificados ante aquel menester. El silencio, roto por los llantos, nos invadía a traición. Poco quedaba por hacer y decir en aquel momento. Llamar a algún familiar cercano y pensar en llamar al resto al día siguiente. Abatidos por el dolor, decidimos regresar cada uno a su casa. Los días siguientes serían muy duros. Aquella noche fue sin duda, la peor noche de mi vida. Como bien se dice, nunca sabes cuánto quieres a una persona hasta que la pierdes.

Aquella noche perdí a mi madre y recité a la brisa nocturna, canciones y poemas tristes, porque la noche triste era lo que me pedía. Por muy lejos que esté siempre está tan cerca de mí, que hasta puedo tocarla. La recuerdo por los malos y por los buenos momentos, porque por una cosa u otra, ha escrito parte de mi vida. Dicen que nadie muere hasta que alguien le olvida. Ella me dio la vida, ¿qué más le puedo pedir?. Si ya no está entre nosotros, no me importa, sé dónde puedo encontrarla. Nunca te olvidaré, te lo he prometido…

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VIDA ME DISTE, VIDA ME QUITASTE (172)

Hice todo cuanto pude para que no me hicieses claudicar pero acabaste cortándome las alas antes de que echase a volar. Salpicaste con gotas de angustia y mis ojos no dejan de llorar. Me atrapaste en lagunas de memoria entre la luz y la oscuridad.

Te conjurabas, necia. Destilabas lágrimas. Cómo cambian los tiempos, se nos mueren las hadas. Se conjuran los necios, se nos mueren las hadas. Sigo hundido en mis penas, siento cómo me arrastran…

No hacen falta palabras cuando el corazón manda. Sigo de cerca las estrellas. Bajan y en sueños me acunan. No hacen falta palabras. Sólo los motivos bastan…

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Te conjurabas, necia. Destilabas lágrimas. Cómo cambian los tiempos, se nos mueren las hadas. Se conjuran los necios, se nos mueren las hadas. Sigo hundido en mis penas, siento cómo me arrastran…

No hacen falta palabras. No hacen falta motivos cuando es el tiempo quien me arrastra al olvido. No hacen falta palabras, ni sueños tan cautivos, cuando el dolor que consume se siente divino…

Te conjurabas, necia. Destilabas lágrimas. Cómo cambian los tiempos, se nos mueren las hadas. Se conjuran los necios, se nos mueren las hadas. Sigo hundido en mis penas, siento cómo me arrastran….

No hacen falta palabras cuando el corazón manda. Sigo de cerca las estrellas. Bajan y en sueños me acunan. No hacen falta palabras. Sólo los motivos bastan…

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