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LA BITÁCORA DEL NAUFRAGIO – NIÑO BIEN (298) [PARTE 04/12]

La República Argentina, desde 1930 hasta 1983, fue azotada por golpes militares violentos, que derrocaban las democracias republicanas surgidas de elecciones libres. Esa es la triste historia de mi país, lamentablemente. Tampoco vale afirmar que han sido “solamente” las fuerzas militares quienes cometían esos atropellos; en general, eran apoyadas por diversos sectores de la sociedad: Partidos políticos, Iglesia, Sindicalistas y hasta el propio Partido Comunista. Pero sin lugar a dudas, durante el golpe sangriento del período: 1976/1983, llegamos a conocer el peor rostro de nuestra sociedad. Miles de Centros de Detención y Torturas Clandestinas, se instalaron en todo el territorio nacional. La tortura como método y la “desaparición forzada de personas” fueron aplicadas sin piedad con un saldo de 30.000 desaparecidos; cientos de niños secuestrados o nacidos en cautiverio, que al día de hoy se los sigue buscando; miles de muertos y un incalculable número de prisioneros que, si tenían suerte, eran blanqueados en las cárceles. Pero aquellos que consideraban demasiado íntegros y que no iban a delatar aportando algún dato; terminaban en una fosa común o tirados vivos desde los aviones en medio del Río de la Plata. Estos y muchos más son los atroces hechos ocurridos hasta el advenimiento de la democracia con el Dr. Raúl Alfonsín en 1983.

La historia la conocen y “La bitácora del Naufragio” pretende homenajear a aquellos que perdieron sus vidas durante dicho período. Los personajes son arquetipos de los diversos argentinos que murieron luchando en esta gesta y de su propia épica. Aunque argentino, mis abuelos paternos son asturianos y agradezco la posibilidad de dar a conocer estos cuentos en #memoriasdeundestierro. La idea es publicar un cuento de la “Bitácora” semanalmente, hasta completar la totalidad de ellos con el cuento de “La noche”, que describe acabadamente la mentalidad propia del torturador.

Daniel Granda 26/12/2020

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NIÑO BIEN (298)

Es cierto, era un tipo distinto. Pudo ser cualquier cosa, tener lo que quisiera pero prefirió su suerte. Esa fue su diferencia, su sello distintivo, pudo elegir y eligió.

Don León lo sabía aunque jamás lo quiso aceptar. Supongo que para un hombre importante de negocios como él, era una situación difícil de sobrellevar. Si bien nunca escatimó esfuerzos por su familia, profesaba el más romántico de los socialismos a pesar de reconocer sus propias contradicciones. Comunista de la vieja escuela, tenaz y tolerante al mismo tiempo, probablemente soñaba para su hijo otro destino. Su madre, merecería un capítulo aparte. Era, estrictamente hablando, un racimo de afectos. Lo cobijaba sin sobreprotecciones y sabía convertirse a veces en cómplice, siempre en amiga.

Dante creció así, entre un desmedido amor y los almohadones. Los mejores colegios, los mejores juguetes, los mejores vestidos, los mejores viajes, lo mejor de lo mejor, todo; incluso, la calidez de un buen hogar.

En los tiempos difíciles, durante su detención en el penal de Rawson, lo acompañaron permanentemente a pesar de la distancia. Seguramente proyectaron en él, viejos sentimientos por una revolución abortada mucho antes de nacer. Dante se convirtió en esa suerte de hijo soñado pero demasiado real. Cuando salió del penal quisieron creer que replantearía su vida y en alguna medida lo hizo, sólo que no en la dirección esperada por ellos. Era un hombre distinto el muchacho que encontraron. Sólido, definido, con urgencias incontenibles y con una claridad de objetivos ante los cuales no cabía otra actitud que aceptarlos. La tortura logró en Dante el efecto contrario al que buscaban. Sus íntimas preguntas hallaron su respuesta en la picana.

-¡Nos van a matar a todos! -sentenció una vez- Igual, desde la tumba, es preciso continuar. Hay que apostar al sueño de los hijos de nuestros hijos.

Y apostó. Apostó con tanta fuerza que de pronto se convirtió en el gran artesano de lo nuevo. Construía diariamente un hombre de otra dimensión: humano, solidario, generoso, alegre y tan cotidiano que a la vista de los otros era un hombre creíble.

Ese otro llenaba sus espacios, era el que importaba. Ese otro dejó de verlo como a un niño bien para incorporarlo afectivamente a su vida. Y así, con la simple magia de lo simple, fue el Dante de la mesa, del barrio, de la fábrica. En la soledad de la pobreza, siempre cabía un Dante; en la calle y en cualquier lugar donde fuera necesario, allí estuvo. Creció en todos y con todos. Creció de tal modo que nadie pudo creerlo aquella tarde.

Tenía que verse con Víctor, era imprescindible. Las cosas ya no estaban como antes. Esteban le había contado con lujo de detalles la situación del sur y no daba para más. Al cruzar Cabildo, desde una esquina, le hicieron señas para que se acercara.

-¿Cómo estás?, che… ¿Ya no te acordás de mí? Soy Julio, el Gringo.

-Sí, perdoname, es la sorpresa. Lo que pasa es que esperaba a otra persona. ¿Qué tal? ¿Cómo va tu gente?

-Te voy a hablar sin rodeos, no tengo tiempo. Mirá, hoy a las cinco de la tarde se tienen que encontrar la Pety con Esteban para pasarse un mensaje. No hay forma de ubicarlos y sabemos que la cita está envenenada. Ya agotamos todos los medios para avisarles, pero fue imposible engancharlos. Si por casualidad tenés la oportunidad de verlos antes de esa hora, pasales el santo. ¡Ah!, se tenían que encontrar en la esquina de la lechería. Adiós y cuidate por favor. ¡Chau!

Fuente de la imagen

Se quedó inmóvil. El semáforo se puso en verde y cruzó sin saber por qué. Automáticamente siguió caminando y mirando vidrieras. En los pequeños cafés al paso, los empleados se apretujaban masticando un distraído sandwich mientras desde las tiendas, aburridos vendedores esperaban que el reloj pulsera les diera la orden de partida.

Dante se detuvo. Tenía que llegar hasta la lechería y estudiar el terreno. Tal vez quedase tiempo. Paró un taxi y lo abordó. En el trayecto repasó mentalmente los pasos que pensaba dar. Hizo esfuerzos por recordar los nombres y las claves de los teléfonos de seguridad, para dejar en ellos algún mensaje que advirtiera a los compañeros lo que estaba sucediendo. Sabía que era simplemente un albur, pero tenía la esperanza de que se comunicaran antes de ir a la cita. Estos teléfonos se alquilaban para otros fines comerciales, pero nosotros los usábamos para nuestro control de seguridad. En realidad, eran pequeñas empresas familiares que con un teléfono en su casa, ofrecían el servicio a cualquier empresa de ventas que necesitara que sus vendedores pasaran los pedidos del día, para organizar la entrega de la mercadería al siguiente. Allí uno dejaba los mensajes y alguien, el supervisor por ejemplo, llamaba una o dos veces al día y le pasaban los pedidos de cada vendedor que había llamado durante esa jornada. De esa manera sencilla era posible saber que todos militantes que componían un grupo estuvieran bien o, por el contrario, si alguien no llamaba al teléfono del control (en tiempo y forma), el resto del equipo tomaba los recaudos necesarios para borrarse. Normalmente se usaban sencillas reglas mnemotécnicas para recordar las claves cambiando una vocal para convertir el nombre en apellido o poniéndole nombres de fantasía a los lugares del encuentro. Los servicios de estos teléfonos salían en los avisos clasificados del diario Clarín y se contrataban por un par de meses, pagando por adelantado. Así que, aunque los servicios pincharan los teléfonos y controlaran las llamadas, era casi imposible descifrar el jeroglífico de aquellas conversaciones en clave.

Al llegar, dos cuadras antes, pagó la tarifa que indicaba el reloj y descendió. Si Julio hubiera sido más claro le podría haber facilitado la tarea, pero Dante ya se
estaba acostumbrando a las emergencias. Compró cospeles en un bar y comenzó su periplo telefónico. Era preciso llamar de diversos teléfonos públicos ante la eventualidad de que estuviesen intervenidos; arriesgar a que rastrearan la llamada parecía una prevención extrema, pero no se sabía exactamente qué nivel tecnológico habían alcanzado durante este tiempo.

Las tres de la tarde y nada. Las esperanzas se alejaban junto al último número que recordaba. En media hora tenía que volver a llamar a todos para saber los resultados. Con suerte, alguno de los dos se comunicaba antes de ir a la cita.

Recordó que Esteban solía tomar café en un boliche del Abasto. ¡Siempre se vuelve al primer amor! Como tenía que hacer tiempo para volver a llamar a los teléfonos de control, decidió tentar esa posibilidad.

Corrió hasta la boca del subte y se perdió en él. Las dos cuadras hasta Bustamante lo agitaron. Al llegar al bar tuvo miedo de entrar. No quería desilusionarse, pero era preciso gastar esa posibilidad. Entró. En el salón principal no estaba y se dirigió al baño por las dudas. No quería darse por vencido tan fácilmente. Tuvo que rendirse ante la evidencia: no estaba. Pidió un café y esperó.

-¡Hola! Sí. Llamaba nuevamente para saber si había podido pasarle mi mensaje al señor Estebando. ¿No? Bueno, gracias. Sí, ¡por favor! Comuníqueselo.

Colgó y volvió a intentarlo por cuarta o quinta vez.

-Sí, de la agencia La Emergente. Quería saber si la supervisora Petiche llamó. No, bueno, gracias. Sí, lo reitero porque es un pedido urgente.

Compró más cospeles y cambió de teléfono. El tiempo se ausentaba. Prefirió llamar desde el centro; más cerca de donde debía llevarse a cabo la cita. Cuando ya no quedaban opciones, dudó. Intentó descubrir a los tiras entre la gente para saber dónde estaba parado. Todos le daban la impresión de tener la gorra marcada y ninguno parecía darse cuenta. Dante sabía que estaban… ¿pero dónde?

-¿Será ese que se hace el gil o aquel flaquito con cara de soñador? -pensó.

Volvió sobre sus pasos. Tenía que descubrirlos y se sentó con un diario en la ventana del bar, justo frente al lugar donde debía producirse el encuentro.

Del cristal surgió Mercedes con su panza grandota y con una caricia en los ojos para el hijo que esperaban. Dante rehuyó, quizás por primera vez, a esos ojos que lo ataban a la vida. Siguió buscando entre los autos para tratar de descubrir a los canas disfrazados de transeúntes. Estaba inquieto, demasiado ansioso.

Desde el fondo del bar, el jugueteo en soledad de una cucharita golpeando contra un pocillo de café cualquiera, lo distrajo. Se vio solo, en aquella Navidad, frente a su arma. La velaba en una venta distinta de la de aquel otro Quijote en su primera salida y sin ser nombrado aún caballero.

-¿Te acordás hermano qué tiempos aquellos? -los versos de un tango dolorido golpearon su recuerdo.

-Y pensar que yo lo criticaba al gordo García Elorrio por ser un liberal con las minas. Nunca me voy a olvidar lo que en esa oportunidad me dijo Mariano: ¡Mirá, no te doy un cachetazo porque te quiero! Pero antes de cuestionar a éste, o a cualquier otro compañero, debés hacer por lo menos, la mitad de lo que él hizo. Después, no sólo tenés el derecho a cuestionarlo, sino el deber de hacerlo para ayudarlo a cambiar.

Creyó ver a Esteban y volvió bruscamente a la realidad. Ni siquiera se le parecía. La danza de fantasmas aceleraban su ritmo a medida que la hora de la cita se iba acercando. No tenía escapatoria. Su sentido trágico de la vida no le ofrecía más opciones. Perder la vida ganando en dignidad y en compromiso o ganar su seguridad, perdiéndose el respeto. Igual sensación experimentó aquella vez cuando el Negro -de los cabecitas- le preguntó si su vida valía más que la de él y si por eso, el calibre de su arma tenía que ser mayor. Dante no lo dudó ni un instante, le entregó su automática y salió a la calle con la pistola 22 mm del Negro.

Vio nuevamente a Mercedes -no la quería ver- llamó al mozo y salió.

La tarde era gris, pero no importaba. Levantó la solapa de su abrigo y cruzó la avenida. Un coche y cuatro armas se adelantaron al colectivo. El alto y el estampido sonaron al unísono. Cuando quiso alcanzar la pastilla de cianuro que guardaba celosamente en un bolsillo interior, una nueva descarga quebró su velero hundiéndolo para siempre en la noche que nos habita…

A Sergio Paz Berlín (Dante/Oaky)
militante montonero muerto
por las fuerzas represivas
el 25 de Agosto de 1976.

*** Daniel Omar Granda ***

Continuará…
El próximo Lunes 25 de Enero, un nuevo relato.

LA BITÁCORA DE UN NAUFRAGIO – LA NOCHE QUE NOS HABITA (288) [PARTE 02/12]

La República Argentina, desde 1930 hasta 1983, fue azotada por golpes militares violentos, que derrocaban las democracias republicanas surgidas de elecciones libres. Esa es la triste historia de mi país, lamentablemente. Tampoco vale afirmar que han sido “solamente” las fuerzas militares quienes cometían esos atropellos; en general, eran apoyadas por diversos sectores de la sociedad: Partidos políticos, Iglesia, Sindicalistas y hasta el propio Partido Comunista. Pero sin lugar a dudas, durante el golpe sangriento del período: 1976/1983, llegamos a conocer el peor rostro de nuestra sociedad. Miles de Centros de Detención y Torturas Clandestinas, se instalaron en todo el territorio nacional. La tortura como método y la “desaparición forzada de personas” fueron aplicadas sin piedad con un saldo de 30.000 desaparecidos; cientos de niños secuestrados o nacidos en cautiverio, que al día de hoy se los sigue buscando; miles de muertos y un incalculable número de prisioneros que, si tenían suerte, eran blanqueados en las cárceles. Pero aquellos que consideraban demasiado íntegros y que no iban a delatar aportando algún dato; terminaban en una fosa común o tirados vivos desde los aviones en medio del Río de la Plata. Estos y muchos más son los atroces hechos ocurridos hasta el advenimiento de la democracia con el Dr. Raúl Alfonsín en 1983.

La historia la conocen y “La bitácora del Naufragio” pretende homenajear a aquellos que perdieron sus vidas durante dicho período. Los personajes son arquetipos de los diversos argentinos que murieron luchando en esta gesta y de su propia épica. Aunque argentino, mis abuelos paternos son asturianos y agradezco la posibilidad de dar a conocer estos cuentos en #memoriasdeundestierro. La idea es publicar un cuento de la “Bitácora” semanalmente, hasta completar la totalidad de ellos con el cuento de “La noche”, que describe acabadamente la mentalidad propia del torturador.

Daniel Granda 26/12/2020

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LA NOCHE QUE NOS HABITA (288)

Difícilmente podría hacerlo entrar en razones. Enrique ya había decidido que, a pesar de todo, no abandonaría el país. Tantos años a la cabeza de la juventud peronista de la zona, hacían que su resolución de vivir en el partido fuera peligrosa. Felizmente, con la ayuda de otros amigos, logramos convencerlo de que vendiera el departamento y se fuese con su mujer y su hija al interior.

-Mirá -me dijo una vez la Negra- Quito ya no es el de antes. Vive obsesionado por los diarios. Lleva un minuciosos registros de muertes y desaparecidos y, todos los días, se pregunta por qué Coco o el Negro y no él. Es como si quisiera llegar al final.

El final. La palabra quedó suspendida del asombro. Sonó en mis oídos como un lejano grito aún audible. En su voz, la de todos, el final. ¿Cuántas veces me hice la misma pregunta? Sentir en la piel el sudor de los otros. La garganta que se cierra, a medida que el miedo desciende por los hombros. El final y las pupilas que se dilatan conteniendo el vacío dejado por las lágrimas y el miedo que avanza por el vientre. Las terribles imágenes del último combate acuden ahora golpeándonos los muslos. Solo frente al enemigo y en nuestra soledad; el otro. El final y el miedo por las piernas. Mordiendo nuestra espalda, ese último combate del que todo sabemos y aun así, es preciso pasarlo en la mesa de torturas. Solos, frente a frente. El enemigo, yo y el mudo testigo del otro. También el miedo que se aloja definitivamente en la garganta. El final.

Qué lejos están aquellas proyecciones de “La hora de los hornos”, la “Operación masacre”, los reportajes al Viejo. Cuántas ilusiones corrieron por debajo de los puentes y cuántos sueños flotan hoy con las manos atadas a su espalda. La esperanza, acribillada a balazos, rugió en silencio desde una tumba sin nombre. Regresar a la playa es necesario para el hombre que cae al mar desde un helicóptero artillado. Regresar es necesario.

Fuente de la imagen

De Enrique, lo que me impresionaba eran sus ojos. Increíblemente tiernos. Quizás favorecía esa expresión el tener los párpados caídos y sobre todo el derecho, notoriamente más marcado que el otro.

Una vez se lo hice notar y se rio con ganas, retrucándome con una idiota semblanza vacuna que me pareció exagerada. Como aquella vez que, por tomarme el pelo, me pintó de rojo los labios de un afiche de Belmondo que tenía en mi pieza, diciéndome que un compañero no podía ser tan puto para que le gustase un rostro masculino, aún en nombre de la estética. Desde entonces, la realidad latinoamericana era analizada bajo la sensual vigilancia de un francés muy distinto a aquel Debray que testimonió los primeros pasos.

A las ocho tengo que pasar a buscarlo para comer un asado, y ver a Boca ganar la Libertadores. Las excusas son buenas para volver a encontrarnos. ¿Cuántos años pasaron desde Belmondo? La vida nos arrastró varias veces hasta sus límites. La urgencia por ver un mundo nuevo nos puso viejos en éste y a pesar de todo, no dejábamos de soñar con esa vieja utopía llamada libertad.

Durante cuatro años vimos gastársenos las ganas en encuentros casuales. Enmarcados en un barrio o en alguna movilización, nos buscábamos para saber que estábamos. Nos bastaba. Cuando encontré a la Negra, casualmente, en el andén de Liniers, el tiempo desapareció. La distancia nunca había sido verdaderamente cierta. Vernos y sentir que ayer nos habíamos buscado, fue una misma alegría.

Al rato la mesa de su casa se tendió, albergando la amistad. Con nosotros Belmondo, Roberto, el Mosquito y tantos otros que nos ayudaban a sentirnos vivos.

Los ridículos calzoncillos antieróticos de Enrique surtieron efecto. Hoy ofrecíamos a nuestro afecto dos hijas, la suya y la mía. Junto al pan soñamos en voz alta la posibilidad futura de que crecieran juntas por continuar a nuestros ojos. Ese fue el camino que elegimos algunos años atrás.

Me dolía tener que convencerlo, pero era necesario. Sabía que si lograba que se fuera sería un nuevo compás de espera en nuestras vidas. Pero si no lo lograba, la espera del reencuentro podría ser mucho más larga y peligrosa. A pesar de que Enrique ya no militaba, lo buscaban por todas partes. Supimos de varios compañeros a los que les habían hecho preguntas muy concretas sobre su paradero. No era prudente seguir creyendo en la suerte.

Aún no era el tiempo de la síntesis. Los muertos conocidos eran muchos, demasiados y deambulaban vivos por nosotros. Se cometieron errores, pero no era posible dimensionarlos. No ahora.

¿Cómo ocurrió todo? ¿Por qué Roberto, que soñaba con un tonto tanque amarillo a lunares, hoy no sueña con nosotros? ¿Qué fue lo que hizo trizas ese gran sueño colectivo? El Mosquito cayó en una sonrisa.

Pero Boca juega la final y el asado es una buena excusa. Esa noche atentaba contra nosotros. Llegamos con Enrique a casa, ya de noche y un corte de luz, casi nos obliga a volver a su departamento asesino. Por suerte volvió la luz y nos dispusimos frente a Boca y, no nos fallaron ni Boca ni el asado.

Inevitablemente, superada ya la excusa, vienen los raccontos necrológicos.

-Ya sabés de Juan, que el Loco, que Horacio, Mecha, Esteban, Jorg…

Necrológicamente nos sumergimos en el tema, apretándonos fuertemente las manos. Los asesinatos de presos (durante los traslados) eran moneda corriente. Se leía en los periódicos que Mengano había pretendido huir. El cómo se desprendía de nuestra angustia, si sabíamos que estaba esposado, desarmado, sin esperanzas y que a pesar de todos se había entregado creyendo en la justicia.

El proceso de Reorganización organizaba la infamia. La noche cubría cualquier posibilidad de luz que quisiera filtrar por la ventana. Con la noche crecían los ruidos de cadenas, extendiéndose en el grito de un vientre roto a patadas o en el de algún testículo amorotonado a 220 voltios.

-Por eso te tenés que ir. ¿A quién le importa si sos culpable o inocente? ¿Quién te va a juzgar? ¿Una picana? Con el torturador no se razona y, además, el país es un gran campo de concentración.

-¿No te das cuenta que el terror impune nos invade?

Era difícil darse cuenta, mientras el áspero silencio nos aturdía. Sonó el teléfono. A pesar de ser temprano, nos despertó a casi todos. Por suerte las nenas dormían.

La voz quebrada de la Gorda sonó como un latigazo. Tuve que hacérselo repetir otra vez, porque no quería oírlo.

-Se lo llevaron a Cacho del banco. Fue anoche, mientras trabajaba, a la madrugada. Les aviso para que se cuiden. Suerte.

Colgó, era preciso proteger a nuestros sueños y había tiempo. Sólo un bolso y la calle. A las dos nos veríamos para saber que estábamos bien y darnos las manos. Enrique, con la calle, fue en busca de su bolso y no debió hacerlo.

Las ratas habían roído su cerradura durante la noche. Al entrar al edificio, lo atraparon.

-El oficial Benítez es el que está a cargo del procedimiento, señora; no tema que a su hijo no le va a pasar nada.

Tita, la mamá de Enrique, había sido detenida horas antes de que él llegara al departamento. Toda la noche habían masticado sus entrañas. Tita fue por la mañana para cuidar la beba y se encontró con ellos. La interrogaron por horas acerca del paradero de su hijo, pero lo ignoraba. Ahora lo tenían, a Enrique y a su bolso.

-Vos sos un boludo, pibe -dijo uno-. Para qué guardás estos viejos documentos, si ya no sirven. Nosotros sabemos que no estás en nada, pero igual vas a tener que acompañarnos. Es sólo rutina.

-Si querés, despedite de tu vieja en la cocina… -agregó el oficial.

Se negó. Sabía que era condenarla a una segura tortura posterior. Quizás, por eso mismo, no quiso llevarse la foto de su hija que le ofrecían. Tenía la certeza de que no iba a ser el primero al que torturaran con ella. Por eso prefirió dejarla en la biblioteca, agregando: Vamos.

-Señora. Mañana vaya a buscarlo al Regimiento 1ª de Palermo, que allí el oficial de guardia le va a informar dónde va a estar el pibe.

Enrique jamás pudo abrir esa ventana, como había convenido con la Negra, para avisarle que todo estaba bien.

La ventana y los sueños quedaron cerrados frente a la noche que aún nos habita…

*** Daniel Omar Granda ***

A Enrique Maratea (Quito).
Detenido / desaparecido desde el 29/04/1977 y en él, 
a todos los compañeros detenidos / desaparecidos 
durante la feroz dictadura militar de los años 70’
en la República Argentina.

Continuará…
El próximo Lunes 11 de Enero, un nuevo relato.

DÍA PARA CANTAR POESÍA (284)

Dame un grano de poesía en la arena
Y que cuelgue del techo de la esperanza
Dame un amor ceniciento en la luz
Y que reparta risas en mi incertidumbre.

En la ubre del tiempo
Solo se espera la caída
Del embrión de la maldición
Y se incendiará la justicia.

Fuente del vídeo

Dame una palabra en honor a la poesía
Que recuerde la alegría y pinte la hermosura
Dame un mañana pletórico de canciones
Con palabras que se lean en redes sociales.

Es un día para cantar poesía
Al oído del clamor de mi gente
Es un día para remembrar la ironía
Del mañana que aprisiona el pasado.

Fuente de la imagen

Te daré un sol que alumbre las tinieblas
Un silencio que refresque el dolor
Una esperanza que te cante mis versos
Y un mañana que renuncie al miedo.

Soy el insomnio que resucita la memoria
El coraje que recluta las pasiones
Y la palabra que entreteje la poesía
En el silencio de la noche opacada.

Ya mañana resplandecerá la esperanza
con tortillas y frijoles en la mesa
Se encenderá la victoria del humilde
Que esperó en la sombra del consuelo.

Ya mañana será dueña del pasado
Un paisaje es la risa de un niño
Pues mañana será historia el pasado
Con el canto que se llama poesía.

**Poeta Maya – Felipe Tambriz**

LA BITÁCORA DEL NAUFRAGIO – CARTA ABIERTA DE UN NAÚFRAGO (283) [PARTE 01/12]

La República Argentina, desde 1930 hasta 1983, fue azotada por golpes militares violentos, que derrocaban las democracias republicanas surgidas de elecciones libres. Esa es la triste historia de mi país, lamentablemente. Tampoco vale afirmar que han sido “solamente” las fuerzas militares quienes cometían esos atropellos; en general, eran apoyadas por diversos sectores de la sociedad: Partidos políticos, Iglesia, Sindicalistas y hasta el propio Partido Comunista. Pero sin lugar a dudas, durante el golpe sangriento del período: 1976/1983, llegamos a conocer el peor rostro de nuestra sociedad. Miles de Centros de Detención y Torturas Clandestinas, se instalaron en todo el territorio nacional. La tortura como método y la “desaparición forzada de personas” fueron aplicadas sin piedad con un saldo de 30.000 desaparecidos; cientos de niños secuestrados o nacidos en cautiverio, que al día de hoy se los sigue buscando; miles de muertos y un incalculable número de prisioneros que, si tenían suerte, eran blanqueados en las cárceles. Pero aquellos que consideraban demasiado íntegros y que no iban a delatar aportando algún dato; terminaban en una fosa común o tirados vivos desde los aviones en medio del Río de la Plata. Estos y muchos más son los atroces hechos ocurridos hasta el advenimiento de la democracia con el Dr. Raúl Alfonsín en 1983.

La historia la conocen y “La bitácora del Naufragio” pretende homenajear a aquellos que perdieron sus vidas durante dicho período. Los personajes son arquetipos de los diversos argentinos que murieron luchando en esta gesta y de su propia épica. Aunque argentino, mis abuelos paternos son asturianos y agradezco la posibilidad de dar a conocer estos cuentos en #memoriasdeundestierro. La idea es publicar un cuento de la “Bitácora” semanalmente, hasta completar la totalidad de ellos con el cuento de “La noche”, que describe acabadamente la mentalidad propia del torturador.

Daniel Granda 26/12/2020

Todos los Lunes, un nuevo relato. Recopilado por Daniel Omar Granda.

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CARTA ABIERTA DE UN NÁUFRAGO (282)

Dónde estás, te necesito. La espesura de la sombra de tu noche espanta la mañana y crece, igual que los gigantes de los cuentos, a medida que el terror avanza frente a mis ojos. Entonces me apichono, tiemblo, literalmente me cago de miedo y me tapo la cara con las dos manos para no ver, pero es imposible no ver: “Una vez que abras los ojos, nunca más podrás volver a cerrarlos”, decía aquel famoso graffiti del París-Mayo 68’, que a la militancia de los 70′ nos quemaba la cabeza. Y que cierto, carajo. La mirada fija del miedo. El triste asombro que no puede con sí mismo. Esta puta conciencia que te castañetea en los dientes. Tus ojos y los de tantos gritando esa urgencia de cambiarlo todo. Los que están y no están. Los que no deberían estar pero están. Los traidores a los otros y los traidores a sí mismo. El comemierda de siempre y los nuevos comemierda. Los “José yo te lo explico” que denunciaba Tato Bores y lo inexplicable para José, para doña Rosa y para toda la parentela. Pasa, pasa, pasa… decían los gallegos, pero no pasa, se queda pegado como moco en los agujeros del alma. La sombra de tu noche no tiene mañana y eso la hace más sombra y la hace más noche. Pasa, pasa, pasa… un carajo pasa.
El gigante, con el día, parece diluirse y aparecen los enanos con su discurso de la hora del perdón, del olvido necesario, de la conciliación obligatoria, de la teoría de los dos demonios, del algo habrán hecho porque los argentinos somos todos derechos y humanos, que estamos a salvo si nos portamos bien y si no pensamos en boludeces como esas de la igualdad, la libertad y la fraternidad, que la mano dura era necesaria para restablecer el orden, que en algo andarían, que el caos es un caos y el big bang no existió; y entonces, después de una noche dura nos aflojamos, tomamos unos mates, nos miramos por un rato el ombligo, a veces hacemos el amor -con sábanas o sin sábanas da igual al decir de Mario Benedetti- cerramos un cachito los ojos y parece que dormimos. Aún no, ojo, en guardia. Los enanos también la ofician de alcahuetes, se meten por cualquier agujero. En el baño, en las cloacas, en los bolsillos de tu camisa, en la cama, en la puerta de tu casa, en la sopa. Donde quiera que vayas, allí están los enanos. Anotando, atisbando, midiendo, botoneando, marcando. Hay miles de enanos. Son los creyentes devotos del santo oficio que, por ganarse el cielo, persiguen a los demonios y no les dan tregua, los entregan a la santa purificación de la picana. Son los tacheros afables que te conversan verde para recoger maduro. Los relatores de fútbol hijos de puta que incitan a la argentinidad boluda para pasar por la Avenida de Mayo -mientras la Comisión de la OEA registra las denuncias de los familiares por las desapariciones- gritando que en la Argentina no existió la noche, ni vos. Son los curas en tecnicolor que reciben a los familiares para consolarlos, contenerlos, calmarlos y sacarles de paso algún dato, de amigos, de conocidos, de parientes, de peligrosos pensantes o de cualquiera que pudieran convocar para tener alguna que otra charla amable con el dueño de los candados; para después, eso sí, hacer los debidos actos de contrición y agradecerle al buen señor el favor de permitirles servir a la patria como dios manda.

Fuente de la imagen

Y uno debajo de la cama, cagado de miedo, creyendo o soñando que en ese agujero de enfrente vas a estar más seguro y entonces tomas aliento y uno, y dos y tres. Respiras profundo y saltas. Al fin voy a poder descansar. El lugar es chico y un poco precario pero no importa, están juntos y vivos. Sin dudas las cosas se te complican porque no estás solo, tenés con vos a tu mujer, a tus hijas y como mucho el bolso que pudiste rescatar con los documentos personales, cuatro papeles, dos mangos con cincuenta y el muñequito de trapo con la camiseta de Boca que la más grande bautizó como Tito. El problema más serio es que hay que comer todos los días y, para comer, hay que laburar. Pero claro, al diario no podés volver y entonces vendés café por la calle, huevos, sábanas, máquinas de escribir, estanterías para negocios, libros, probás con las ofertas del colectivo de por si esto fuera poco, la biblia, el calefón, yira yira y toda la filosofía de Enrique Santos Discépolo que, si bien no te alcanza, le pone a tu entendimiento una pequeña mueca parecida a una sonrisa.
Mientras jugás con la más chica, sentís que unas pezuñas rascan la puerta, crick, crick, crick, las ratas te encontraron de nuevo. Las llevan de a racimos los enanos, una sujeta a cada dedo.
-Me tironean del meñique, oficial.
-No, mejor sigamos la del índice, es el indicado. Ya olfatean la tierra. Por allí…
Y vos que te mordés los labios, y otra vez, y uno, y dos y tres ¡hop! A correr. Como puedas, con el último aliento que nunca es el último, corrés. En una mano tus hijas, en la otra el bolso, tres papeles, seis botones, una camisa. Fiódor Dostoyevski por lo menos te acompaña. Los demás se quedaron, no hubo tiempo.
Te agarró otra vez la tormenta. La cáscara de nuez en la que flotabas se te fue al carajo y caes al agua, te aferrás con fuerza a un madero, flotás a la deriva pero todavía flotás. La vela fue deshecha pero aún flotan los maderos, sólidos, seguros, indestructibles. Aunque te hundieras vos sabés que ellos seguirán allí, de eso estás seguro. Te alegrás y descubrís algo importante. Ahora estás seguro que el error estuvo en la elección del velamen, en los vientos, en el timón, donde vos quieras; pero nunca en la madera. La madera es noble, fue bien elegida. Flota con vos a cuesta o sin vos, pero flota. En la noche de mar embravecido, allí estará. Será la base de nuevas embarcaciones. Otros veleros la tendrán en sus costillas. Manos más diestras que las tuyas harán nuevos encastres. Sueñas…
La sombra de tu noche se extiende en esta mañana incierta. Me pregunto si es función de la luz librar esa batalla. Será posible una noche de luz o estamos condenados a vivir ciclos inevitables. No será un absurdo sinsentido la noche. Aferrado al madero te adormecés. De la misma vieja madera está hecha tu guitarra. Sabés que en algún rincón de la noche los amantes se aman. En ella cabe todo, el amor, el odio, el miedo, la locura, la tortura, la esperanza. Hay abrazos nocturnos y urgentes que sueñan, que aman, que copulan con rabia pariendo mañanas. Será la noche el punto de partida y su proyecto el mañana. Entre ambos, noche y día, el amor y el desamor. Pero también la noche es silencio, abandono, dolor, desesperanza. Cerrás los ojos y está en vos, los abrís, pero cada día hay que construirlo. Una nos envuelve, al otro hay que andarlo. Saber que no hay camino, como dijo Antonio Machado, que todo es andar haciendo camino.
El sopor de la seguridad te afloja los músculos. Dormido profundamente, flojo, caés al agua. El chapuzón te despierta -el madero- Si no te aferrás a él, seguro que te hundís para siempre. Qué será siempre. Habitantes de la noche, cómo es siempre. Nosotros fuimos mañana, ayer, pero nunca siempre. Qué cambió el nosotros entusiasta. El mundo marcha al revés de lo previsto. Hoy las madres suceden a sus hijos como un signo de esperanza: “Nuestros hijos nos parieron”, dicen las Madres de Plaza de Mayo. Cómo fuimos capaces de parir estas tigras y nos resultó imposible copular con la historia. Tal vez la embarazamos y no nos dimos cuenta o tal vez no alcancen siete años sino setenta, o setenta veces siete. Mientras tanto, debajo de la cama, recibimos delirantes mensajes desde el éter con la orden de reorganizarse, caracterizando el desbande como estratégico. Ya verán cuando avancemos, decían un puñado de hijos de puta delirantes mientras tanto, disfrazados de comandantes guerrilleros, se peleaban en París para ver quién se quedaba con más guita, se traicionaban, nos traicionaban, se puteaban, se acusaban de alta traición, se condenaban a muerte y viceversa. Eso sí, en Europa, con la seguridad de estar bien lejos de tu noche negociaban con el Almirante Emilio Eduardo Massera, quién había dejado organizadita y funcionando la ESMA y pretendía ser el nuevo Perón, con el apoyo de la traición de la conducción Montonera. A vencer y a resistir que la victoria es nuestra. Como a Dante Alighieri: me dan un infinito asco los traidores.
Y si fueran ciertos nuestros sueños, no los de ellos, los nuestros. Si a pesar de todo retoñamos. Si se cumple a pie juntillas el regreso en el viento, en una canción, en una madre, en vos, en el pueblo. Sobreviviente: hay que sacudirse el polvo del silencio, no está dicha la última palabra, unamos los maderos.
Dónde estás, hermano, te necesito. Sé que soy muchos y a veces no soy capaz de ser yo mismo. Tengo miedo o estoy cansado que es igual. Cómo amarrar tantos maderos. Todos los días pienso qué hubieras hecho vos si la vida nos cambiaba los papeles. Pero la vida no quiso. A veces puteo contra esta jodida vida y lloro en el silencio. Hoy te escribo. Hoy, y ayer, y antes de ayer, estuve con el pueblo. Vos eras la consigna y yo, tu testigo. Las banderas flameaban como antes, el tiempo es otro y no flamea. No estás ni vos, ni Tito, ni Nené, ni Héctor, ni Simona, ni Oaki, ni el Gordo, ni Tomás, ni Román, ni tantos ni. En qué recodo de la historia se quebraron sus veleros. Hasta cuándo esta noche que nos habita…

*** Daniel Omar Granda ***

“Morir es dormir. ¿No más?
Morir es dormir… y tal vez soñar.”
«Hamlet (Acto III – Escena IV)
W. Shakespeare

CONTINUARÁ…
El Lunes 4 de Enero, un nuevo relato.

LA BITÁCORA DEL NAUFRAGIO (281) [00/12]

La República Argentina, desde 1930 hasta 1983, fue azotada por golpes militares violentos, que derrocaban las democracias republicanas surgidas de elecciones libres. Esa es la triste historia de mi país, lamentablemente. Tampoco vale afirmar que han sido “solamente” las fuerzas militares quienes cometían esos atropellos; en general, eran apoyadas por diversos sectores de la sociedad: Partidos políticos, Iglesia, Sindicalistas y hasta el propio Partido Comunista. Pero sin lugar a dudas, durante el golpe sangriento del período: 1976/1983, llegamos a conocer el peor rostro de nuestra sociedad. Miles de Centros de Detención y Torturas Clandestinas, se instalaron en todo el territorio nacional. La tortura como método y la “desaparición forzada de personas” fueron aplicadas sin piedad con un saldo de 30.000 desaparecidos; cientos de niños secuestrados o nacidos en cautiverio, que al día de hoy se los sigue buscando; miles de muertos y un incalculable número de prisioneros que, si tenían suerte, eran blanqueados en las cárceles. Pero aquellos que consideraban demasiado íntegros y que no iban a delatar aportando algún dato; terminaban en una fosa común o tirados vivos desde los aviones en medio del Río de la Plata. Estos y muchos más son los atroces hechos ocurridos hasta el advenimiento de la democracia con el Dr. Raúl Alfonsín en 1983.

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La historia la conocen y “La bitácora del Naufragio” pretende homenajear a aquellos que perdieron sus vidas durante dicho período. Los personajes son arquetipos de los diversos argentinos que murieron luchando en esta gesta y de su propia épica. Aunque argentino, mis abuelos paternos son asturianos y agradezco la posibilidad de dar a conocer estos cuentos en #memoriasdeundestierro. La idea es publicar un cuento de la “Bitácora” semanalmente, hasta completar la totalidad de ellos con el cuento de “La noche”, que describe acabadamente la mentalidad propia del torturador.

***Daniel Omar Granda***

Todos los Lunes, un nuevo relato. Recopilado por Daniel Omar Granda.
El Lunes 28 de Diciembre, comienza el primer relato.

HIMNO DE LOS TERCIOS ESPAÑOLES (278)

Aunque, Los Tercios de Flandes fueron una unidad de infantería del Imperio español, cuya superioridad quedó patente durante los siglos XVI y XVII, que se ha hecho enormemente popular gracias al cine y a la literatura en los últimos años, precisamente la ficción es la culpable de que se le asigne a esta unidad un himno, viralizado por Youtube, que es una invención de la serie: “Aguila Roja” de TVE.

La letra de este supuesto himno dice lo siguiente:

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Oponiendo picas a caballos,
enfrentando arcabuces a piqueros,
con el alma unida por el mismo credo
,
que la sangre corra protegiendo el Reino.
Aspa de Borgoña, flameando al viento,

Hijos de Santiago, grandes son los Tercios.
Escuadrón de picas, flancos a cubierto,

solo es libre el hombre que no tiene miedo.

Lucha por tu hermano, muere por tu Reino.
Libre por la paz en este gran Imperio.
Nunca habrá derrota si nos hacen presos.
Solo tras de muertos, capitularemos.


La gola de malla, chaleco de cuero,

peto y espaldar, me guardarán del hierro.
Levantad las picas con un canto al cielo.

Nunca temeré si van columna al Tercio”.

Un texto plagado de referencias históricas y verosímiles sobre esta unidad. Picas a caballos, referencia a la estrategia de esta infantería de defenderse de las cargas de caballería con largas picas siguiendo la tradición de las falanges griegas. Aspa de Borgoña, mencionando la Cruz de San Andrés en color rojo que identificaba a las tropas al servicio del Imperio español y de la Casa de los Austrias (a su vez emparentada con la Casa de Borgoña). Hijos de Santiago, en referencia al grito en honor al santo con el que iniciaban los combates estos soldados: «¡Santiago y cierra, España!».

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El problema está en que el himno y la letra no tienen nada de antiguos. Según informa en su web TVE, el autor de dicho himno es Daniel Sánchez de la Hera, compositor de música para cine y televisión. La canción apareció por primera vez en la serie Águila Roja en 2010. Una de las escena en las que suena es cuando la cantan unos soldados españoles cautivos por fuerzas portuguesas y que van a ser ejecutados por éstas.

***-Hugo Ugarte-***

LOS NADIE (EDUARDO GALIANO) (277)

Eduardo Germán María Hughes Galeano, nació en Montevideo, Uruguay, el 3 de septiembre de 1940. En 1960 inició su carrera periodística como editor de la que sería la mítica revista Marcha. Tras el golpe de Estado de 1973 fue encarcelado y tuvo que exiliarse a Argentina. Publicó “Las venas abiertas de América Latina”, libro que marcaría varias generaciones, y que fue censurado por las dictaduras militares de Uruguay, Argentina y Chile. Esta obra proponía una historia de América Latina en clave de descolonización, lo que en ese entonces era impensable en los discursos dominantes. En Argentina fundó la revista cultural Crisis.

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En 1976 fue añadido a la lista de los condenados del escuadrón de la muerte de Videla por lo que tuvo que marcharse de nuevo, esta vez a España, donde escribió la trilogía Memoria del fuego (un repaso por la historia de Latinoamérica).
Regresó a Montevideo en 1985. Con otros escritores, como Mario Benedetti, y periodistas de Marcha, fundaron el semanario Brecha.
En 2007 superó una operación para el tratamiento del cáncer de pulmón, que le ganaría la batalla en 2015.
En abril de 2009, el presidente venezolano Hugo Chávez entregó un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina al presidente estadounidense Obama durante la quinta Cumbre de las Américas, celebrada en Puerto España, Trinidad y Tobago.

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Junto su obra como periodista desarrolló una obra más narrativa, siempre comprometida y llamada a la reflexión. Destacan la novela corta “Los días siguientes” (1963) a los relatos contenidos en “Vagamundo” (1973). “El libro de los abrazos” fue uno de los libros más exitosos y logrados de Galeano. La obra de Eduardo Galeano nos llama a establecer un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material. Sus trabajos trascienden géneros ortodoxos, combinando documental, ficción, periodismo, análisis político e historia.
Fue investido Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana, de El Salvador, la Universidad Veracruzana de México, la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina, la Universidad de Buenos Aires, y la Universidad de Guadalajara, México.
Murió el 13 de abril de 2015, en Montevideo.

***-Hugo Ugarte-***

LOLA (272)

Se llama Pablo y es “Carbayón” de toda la vida. Roza el medio siglo de vida, tiene un trabajo bueno y estable, coche propio y es feliz compartiendo piso junto a su pareja. Cada Domingo, porque no se pierde ninguno, se desplaza casi 300 Km, hasta unas residencia a las afueras de Burgos, para poder ver a su madre, Lola.

La residencia de mayores donde se aloja su madre, cuenta con muchas comodidades y excelentes cuidados. Uno de esos “extras”, es poder pasear libremente por las instalaciones exteriores, rodeadas de bancos de piedra y custodiado por innumerables árboles centenarios, que dan una sombra espléndida en verano.

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Como cada Domingo, Lola, espera ansiosa la llegada de su único hijo, Pablo. Conversan durante horas y, ella, entre carcajada y carcajada, le acaba contando lo mismo del último Domingo. Como ella dice: “creo que se me está llenando la cabeza de telarañas”. Le pregunta a su hijo, infinidad de veces, por su trabajo. En la residencia presumo mucho de ti, que lo sepas, dice ella.

Él, en cambio, le habla de sus cosas cotidianas. De lo que menos quiere conversar es de su trabajo. No es tan bueno como su madre piensa. No obstante, es un buen puesto en una, digamos, gran empresa, aunque las cosas no van bien últimamente, pero van “arrastrándose como pueden”.

Al final de la tranquila zona, donde vigilan de cerca los bancos esos hermosos árboles que dan su esplendorosa sombra, hay una pequeña cafetería donde hacen un estupendo café y lo suelen acompañar con unos churros recién hechos. A Lola le encantan. Mientras Lola le espera sentada para no caminar mucho, su hijo, se acerca a la cafetería a por unos descafeinados y media docena de churros.

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Los cafés aún llegan templados y, los churros, aunque llegan más fríos, duran un suspiro. Así que lo principal, es comerse los churros y luego bajarlos tomando el café. La conversación a continuación es más airosa y, como pronto empiezan a irse que llega la hora de la cena, y son siempre muy puntuales, su hijo se despide de su madre, hasta el próximo Domingo. Sin apenas palabras, se dicen un sincero “cuídate mucho”, un “te quiero” y cada uno se va por su lado.

Pablo, no es de “pisarle” mucho al coche y tarda sus cuatro horas tranquilamente, pero eso si, hace siempre una corta parada en el mismo restaurante de siempre, al lado de la carretera, para tomar algo e ir cenado ya para casa. Allí le comenta a Ramón, el cocinero, con el que tiene mucha confianza, el cómo está su madre de salud y el tiempo que hacía en Burgos, que ya empieza a oscurecer pronto y refrescar por las tardes.

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Por otro lado, Lola, mientras cena con su compañera de habitación, le cuenta lo bien que se lo pasó la tarde del Domingo.

Hoy, mi hijo Pablo, volvió a irse pronto porque seguramente que mañana madrugará bastante. Estuvimos hablando de nuestras cosas y de lo feliz que era con su pareja. Se mudaron no hace mucho y aún están arreglando el piso a su manera. En el trabajo le va bastante bien, no tiene mucha queja. Luego se fue, casi siempre sin despedirse, como si desapareciera. Ya sabes que mi cabeza me juega malas pasadas. A veces no me doy cuenta que se va y, otras veces si, pero ya es tarde para despedirme.
Luego, como todos los Domingos, apareció de nuevo, ese hombre tan galante y misterioso, que me halaga y me trata tan bien. Me trajo, como siempre, un café descafeinado y unos churros tan ricos de esa cafetería al otro lado de la residencia. Creo que intenta algo conmigo pero ninguno de los dos da el primer paso y apenas hablamos nada. Me suele decir: “cuídate” y “te quiero”, pero será porque me tiene aprecio. Le veo muy joven para mi, pero se pensará que soy una viuda con dinero… Pobrecillo cuando se entere de que no es así.

***-Hugo Ugarte-***

ESTRELLAS DESPISTADAS [JSCQ] (271)

Tejemos sueños que no han visto nunca nadie más.
Nuestras miradas a muchos les suelen inquietar.
Creo que hay algo más, aún se puede hacer más.

Estrella despistada por nosotros no dejes de brillar.
Ni el nombre de las olas dejará de recordar el mar.
Queremos hacer más, por quien si nos sepa valorar…

Sé que tú y yo, somos tan inmensos…
¿Por qué tanto cuento si compartimos el mismo viento?
Ese mismo viento que siempre soplará a nuestro favor.

Maletas llenas de recuerdos, nostalgia y pundonor.
Con tan poco equipaje sigue el paso que detrás iré yo.

Tejemos sueños que no han visto nunca nadie más.
Somos ventanas abiertas que no han logrado cerrar.
No nos podrán parar. Valemos mucho, mucho más.

Si encuentras el camino no se te olvide regresar.
Crecemos fuertes como larga crece la oscuridad.
Habrá que reinventar mil maneras de llegar…

Marta, Joaquín y María Rodríguez Arranz. Fuente de la imagen

Sé que tú y yo, somos tan inmensos…
¿Por qué tanto cuento si compartimos el mismo viento?
Ese mismo viento que siempre soplará a nuestro favor.

Maletas llenas de recuerdos, nostalgia y pundonor.
Con tan poco equipaje sigue el paso que detrás sigo yo.

Siempre, tú y yo…

Fuente del vídeo

Sé que tú y yo, somos tan inmensos…
¿Por qué tanto cuento si compartimos el mismo viento?
Ese mismo viento que siempre soplará a nuestro favor.

Maletas llenas de recuerdos, nostalgia y pundonor.
Habrá que reinventarse, hay mil maneras de llegar…

Siempre, siempre, tú y yo. Si nos guía el mismo viento.
Ese mismo viento que siempre sopla a nuestro favor.
Maletas llenas de recuerdos, nostalgia y olor a alcanfor.
Habrá que reinventarse, aún hay mil maneras de llegar…

Crecemos fuertes como larga crece la oscuridad.
Habrá que reinventarse, hay mil maneras de llegar…
de llegar a encontrar el camino a la eternidad.

Siempre, tú y yo…

*ICARO©

*Son poc@s pero son muy grandes. Mucho se podría decir de ell@s, pero nos faltarían las alabanzas, las buenas palabras, etc. Mucha gente les critica, muchos les juzgan, etc. A muchas de estas personas que, se meten sin razón en la vida de los demás, les deberían mantener la boca cerrada.

Nunca juzgues sin que te den una razón para demostrar lo que vales.