SOLILOQUIO IV (296)

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Era un pueblo muy pequeño. Apenas 100 habitantes. No había persona que no se conociese, que supiese su apodo, su vida cotidiana, sus hazañas, sus aventuras. Todos, absolutamente todos, se conocían tan perfectamente que eran como una gran familia.

Este año 2020, fue crítico en el pueblo, por culpa del coronavirus. Roberto, un vecino que se acercó a la ciudad, poco antes del confinamiento, contrajo el virus. Sin saber que estaba contagiado, Don Aurelio, su abuelo y su único familiar vivo, cercano a los 100 años, pagó caro el contagio por parte de su nieto.

Don Aurelio, vivía con su pareja, Doña Leonor, en una residencia en pleno centro de la ciudad, pero muy cercana al pueblo. Ingresó por su propio pie y, según las reglas de la residencia, éstos tenían total permiso para salir a diario de la misma. Visitaban mucho el casco antiguo de la ciudad y, solamente visitaban la residencia, para el desayuno, comida, merienda, cena y, cómo no, para dormir. Aunque, si avisaban con tiempo, podían saltarse alguna de estas comidas. Procuraban estar, fuera de la residencia lo máximo posible, ahora que aún se valían por ellos mismos, por recomendación expresa de su nieto.

Roberto, trabajaba en una empresa de representación de calzado, lo que le hacía viajar mucho a diario y, a veces, incluso, estar fuera de la provincia toda la semana. Piensa y cree que, en unos de esos largos viajes fuera de la provincia, fue donde contrajo el virus. Al ser soltero no tenía problema ninguno en ese tema de estar fuera del hogar toda la semana.

Fuente de la imagen

Don Aurelio, ingresó en el Hospital de miércoles y, de viernes, estaba completamente recuperado. Al parecer, al levantarse al baño, le dio un ictus, y eso fue lo que le hizo encamar de nuevo. De sábado avisaron que no pasaría de esa noche, pero la pasó. El Domingo fue crítico. Su nieto Roberto, llamó al Hospital poro antes de su fallecimiento. Al parecer, pasó una noche muy mala y estado era demasiado grave. Le empezó a fallar el corazón y el virus le atacó con fuerza con una férrea neumonía. Maquinaria de casi 100 años era insuficiente para acabar y destronar al virus.

Doña Leonor, su pareja, ya no estaba para estar sola en la habitación. Él era quien cuidaba siempre de ella. La trasladaron a otra habitación con otra señora que, unas semanas después, acabó cogiendo el virus. Doña Leonor, volvió a verse sola y su cabeza no aguantó más la presión. Una vez más la volvieron a encerrar en otra habitacón con otra señora y también contrajo el virus. Por más pruebas que le hacían a Doña Leonor, ésta, no daba positivo en los test.

La ultima vez que Roberto pasó por la residencia para recoger todas las cosas de su abuelo, cuando el tiempo pasó lo suficiente para estar más tranquilo, preguntó por ella, ya que no le dejaban verla. Doña Leonor, no supo nunca que Don Aurelio había fallecido. A ella se le había ido la cabeza y le dio por pensar que su pareja se había con otra y la había abandonado en la residencia. Roberto se interesó por su estado de salud y la enfermera le dijo que estaba estupéndamente, pero que venía de cambiarle el pañal. Se le había ido la cabeza por completo. Ni por asomo ya era la misma. Una verdadera lástima.

Doña Leonor, con 98 años y casi un siglo por delante, falleció no hace muchos meses. Supongo que vuelven a verse allá donde estén y pasear por las céntricas calles de la ciudad, cogidos de la mano. Él, siempre tan galante y, ella, siempre tan joyeada y luciendo sus mejores vestidos.

Quizá Don Aurelio no era su verdadero nombre, tampoco el de Doña Leonor, ni el de Roberto. Las historias nunca son como las cuentan, tampoco como las pintan. A veces, es complicado olvidarse de los seres queridos. Tratas de recordar historias con otros nombres, pero viene a ser todo lo mismo. La muerte no se va de nuestras cabezas hasta que no conseguimos olvidar al que se va.

Y eso es nunca…

*ICARO©

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Autor: Icaro

Generación del '77. Nacido en Reggio Emilia y criado en Asturias. Enamorado de la música, de mi mujer, Elena y de mi niña, Gaia. Apasionado del cine de terror, la ciencia ficción, la montaña, la fotografía y la comedia. Letrista de grupos pop, rock y metal desde Octubre de 1999. Suelo vestir de negro y moriré rojo.

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