ESTRELLAS DESPISTADAS [JSCQ] (271)

Tejemos sueños que no han visto nunca nadie más.
Nuestras miradas a muchos les suelen inquietar.
Creo que hay algo más, aún se puede hacer más.

Estrella despistada por nosotros no dejes de brillar.
Ni el nombre de las olas dejará de recordar el mar.
Queremos hacer más, por quien si nos sepa valorar…

Sé que tú y yo, somos tan inmensos…
¿Por qué tanto cuento si compartimos el mismo viento?
Ese mismo viento que siempre soplará a nuestro favor.

Maletas llenas de recuerdos, nostalgia y pundonor.
Con tan poco equipaje sigue el paso que detrás iré yo.

Tejemos sueños que no han visto nunca nadie más.
Somos ventanas abiertas que no han logrado cerrar.
No nos podrán parar. Valemos mucho, mucho más.

Si encuentras el camino no se te olvide regresar.
Crecemos fuertes como larga crece la oscuridad.
Habrá que reinventar mil maneras de llegar…

Marta, Joaquín y María Rodríguez Arranz. Fuente de la imagen

Sé que tú y yo, somos tan inmensos…
¿Por qué tanto cuento si compartimos el mismo viento?
Ese mismo viento que siempre soplará a nuestro favor.

Maletas llenas de recuerdos, nostalgia y pundonor.
Con tan poco equipaje sigue el paso que detrás sigo yo.

Siempre, tú y yo…

Fuente del vídeo

Sé que tú y yo, somos tan inmensos…
¿Por qué tanto cuento si compartimos el mismo viento?
Ese mismo viento que siempre soplará a nuestro favor.

Maletas llenas de recuerdos, nostalgia y pundonor.
Habrá que reinventarse, hay mil maneras de llegar…

Siempre, siempre, tú y yo. Si nos guía el mismo viento.
Ese mismo viento que siempre sopla a nuestro favor.
Maletas llenas de recuerdos, nostalgia y olor a alcanfor.
Habrá que reinventarse, aún hay mil maneras de llegar…

Crecemos fuertes como larga crece la oscuridad.
Habrá que reinventarse, hay mil maneras de llegar…
de llegar a encontrar el camino a la eternidad.

Siempre, tú y yo…

*ICARO©

*Son poc@s pero son muy grandes. Mucho se podría decir de ell@s, pero nos faltarían las alabanzas, las buenas palabras, etc. Mucha gente les critica, muchos les juzgan, etc. A muchas de estas personas que, se meten sin razón en la vida de los demás, les deberían mantener la boca cerrada.

Nunca juzgues sin que te den una razón para demostrar lo que vales.

EL DON DE LA PALABRA (259)

Quisiera tener
el don de la palabra.
Atrapar el instante
la sombra fugitiva
abrazar los colores
como abrazo a la idea.
Demostrar el fundamento
de la raíz y el canto.
Desenterrar los siglos
recuperando
el grito y la sangre.
Poder vencer
la absurda estructura
del hambre
empuñando la angustia
para construir la alegría.

Fuente de la imagen

Que mi canto alfarero
pueda servir, hermano,
como sirven tus manos
tus ganas
tu inocencia alzada
como un puñal justiciero
por meterle a diario
un tajo al silencio.
Que mi garganta sirva,
como sirven tus miedos
tu ternura celeste
de alimentar el brote
y meterse adentro, muy adentro,
hacia el fondo del alma
procreando la historia
del hombre hecho estambre.

** Daniel Omar Granda ***

LA TEMPESTAD DE SUS OJOS MARINOS (258)

Ayer almorzamos juntos. Hacía tiempo que no nos veíamos y sigue tan hermosa como siempre. La profundidad del mar en sus ojos celestes, distrajeron nuevamente mi atención. Laura está en pareja y eso nos contiene. Pero lo cierto, es que no creo del todo en sus palabras. Sé que algo no anda bien, que no es lo feliz que dice ser, que también ella recuerda con ternura nuestra relación. Sé que aún no está dicha la última palabra.

Luis, el dueño del restaurante, nos atendió personalmente. El lugar es perfecto: Una casona reciclada a nuevo y decorada con muy buen gusto y poca plata. Nos ubicamos sobre uno de los laterales, en una mesa discreta y agradable. Pedimos un buen vino, un Comte de Valmont, de bodegas Chandon y esperamos golosamente que Luis nos trajese la entrada. Y empezaron los raccontos…

Repasar con la mirada del otro nuestra vida, intentando asumir las consecuencias de lo que había sucedido en medio de nosotros, no fue tarea sencilla. En todo caso, intentamos que el otro no sintiera responsabilidad alguna. Dejamos previamente en claro, que fueron las opciones que alguna vez hicimos  y  que en ese sentido, ambos éramos responsables.

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Laura intentó justificar su presente y no la dejé. Todo lo que me importaba era saber si era verdaderamente feliz. Sus labios dijeron sí, mientras la tempestad de sus ojos me gritaba otra cosa. Traté de distender la conversación y llamé a Luis.

Enseguida nos trajo  el plato principal. Laura suspiró. Le dije lo que me pasaba. Que no me convencían sus palabras o en todo caso, que intuía que sus ojos decían algo más. Fue entonces que comenzó a llorar en silencio. Traté de contenerla con ternura y dejé que se desahogara,  entonces ella  me contó de su dolor  y  su infelicidad. Convivía con Ernesto, desde hace un año,  casi por un reflejo condicionado.  Había intentado ser feliz con tanta fuerza, que sentía un rechazo viceral a tener que aceptar otro fracaso en su vida. 

No podía soportarlo y se sentía atrapada. Creyó que Ernesto era distinto y evidentemente, se equivocó. A pesar de todo, tenía el valor de revisar su vida, aunque esto no le alcanzara para tomar determinaciones más concretas. Aún debía madurarlo, o al menos, probarse si había hecho todo lo posible por superar las distancias. Callé mis pensamientos por respeto a su dolor. Me costaba horrores verla sufrir, nunca lo había tolerado. Mi soltería actual la inquietaba, porque era motivo de nuevas fantasías,  pero inevitablemente era mi realidad. Jamás pude olvidarla, aunque nunca se lo dije. Intenté vestir una de mis máscaras, pero ella lo advirtió. Siempre que me desbordaba la realidad, asumía “algún papel discreto y actuaba otro libreto”. Laura me conocía tanto, que no dejó que me escondiese en una nueva simulación y me pidió ser sincero.

Sus idas y venidas no me excusaron de la respuesta esperada. Le pedí disculpas por la brutal sinceridad de mi respuesta. Simplemente,  dije: Aún te amo y  espero.

 Por recuperar el don de la palabra, le solté mi poema como una paloma al viento…

*** Daniel Omar Granda ***

LA BARCA DE CARONTE (256)

Turbias aguas se avecinan hacia Estigia
y nosotros en la barca de Caronte.
Atravesamos las puertas del Hades, para llegar al Leteo
creyendo obtener el poder de olvidar lo pasado,
soñando alcanzar la eterna juventud
perdida en los ríos del Averno.

Ta, te, ti, suerte para ti
la Parca sonríe mientras selecciona
a su antojo, quién se lleva en este viaje.
Los pobres huesos húmeros de Vallejos.
El poco tiempo que te dieron y no lo aprovechaste
te convierten en candidato,
navegando las aguas turbias,
al infinito desconocido,
bueno o malo, ya no importa.

Entonces la Muerte se pregunta:
¿Qué hay de bueno en ti, que valga la pena,
esperar otro viaje?

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El terror avanza día a día…
¿Será mañana la fiebre,
de esta epidemia absurda,
el fallo respiratorio,
la entubación y la muerte?

Tal vez tengas el tiempo de acomodar tus escritos.
Y que otros sepan que habitaste la tierra,
sembrando y viviendo con la V grande,
aunque pagaras el precio que te cobró la historia.

Tal vez te recuerden por lo bueno que hiciste,
o por aquello que no supiste dar.
Sos muchas cosas,
y no sos nada: solo contradicción
y quizás, (solo quizás), esto sea lo que llaman vida.

¿Será eso la vida? No lo sé.
Mis únicas certezas son las hijas
y los hijos de mis hijas…
¿Eso justifica tu existencia?
Tampoco  lo sé.

*** Daniel Omar Granda ***

EL DESTINO EN LA BORRA DEL CAFÉ (210)

Fermín era muy ingenuo. A tal punto, que los muchachos del café lo cargaban porque se creía todo; o casi todo. Siempre dudé si lo suyo era ingenuidad o una increíble capacidad de asombro. Era capaz de andar por el barrio buscando tréboles de cuatro hojas o a un gato con dos colas. Aquella vez la broma había llegado demasiado lejos, casi hasta la crueldad.

Cuando lo crucé en la esquina del quiosco del Tano, sus ojos extraviados buscaban frenéticos en cada rincón de la vereda. Intenté disimular mi asombro cuando me preguntó si yo también sabía. ¿Si sabía, qué?  -le dije-  y Fermín no me dio tiempo a nada. Sin que pudiera articular palabra, pegó un salto desmedido y siguió como poseso buscando en la vereda.

En el café, como era habitual, estaban todos. El Moncho y Pericles jugaban al billar en el fondo y, en una mesa sobre la ventana, Jorge, la Renga y Benítez no se perdían un sólo movimiento de las desventuras del pobre Fermín.

Había veces que trataba de tomar distancia y ver las cosas desde otra perspectiva. Sabía que era inútil pasarse las horas en el café, haciendo como dice Charly García, -filosofía barata y zapatos de goma-, pero inevitablemente aprendiendo de la biblia y del calefón.

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Lo que nunca acepté, era esa suerte de placer perverso que movía a la Renga a ensañarse con el pobre Fermín. Evidentemente lo disfrutaba, como una pequeña revancha cotidiana. Casi podría decirse que necesitaba hacerlo.

Le pedí un café al Gallego, con el típico gesto de señalar la tacita. Desde la ventana todos seguían los pasos de Fermín y se reían, comentando las alternativas posibles de la cargada.

Resultaba que la Renga le había hecho creer que leía el futuro en la borra del café. Le habían montado todo el circo, leyendo primero las posibles desventuras que le sucederían a Benítez, en un próximo viaje que iba a realizar hacia la costa atlántica.

Benítez consultaba y la Renga ahondaba en detalles sobre como se iban a desarrollar los acontecimientos, anticipaba los importantes pedidos que le iban a hacer los clientes de Santa Teresita y auguraba varias situaciones difíciles que se le presentarían con la policía caminera,  que estaba en pleno operativo de verano.

Fermín se creía todo. No tardó en entrar por el aro y le pidió a la Renga que le dijera lo que veía en la borra de su café. Primero se resistió a creerlo pero después, se fue convenciendo de que era posible que se le diera un golpe de suerte. Encontrar una fortuna escondida, o mal enterrada, no debería ser muy difícil. Lo que pasa es que siempre andaba distraído y no le prestaba atención a lo que podía estar tirado en la calle. Así que saludó y, con cierto disimulo salió apurado del café en busca de la suerte.

Desde la ventana los muchachos seguían con la mirada la frenética búsqueda de Fermín, divirtiéndose a su costa toda la mañana.

Jorge, que era un poco más piadoso, trató de disuadirlo en una de las tantas veces que volvió a pasar cerca de su mesa. Pero no había caso. Así como era de ingenuo era de testarudo. Estaba convencido de que la Renga no le mentía y, que alguna vez se le tenía que dar. Siguió buscando.

Como mucha gracia no me causaba la broma porque me resultaba un buen tipo Fermín, me puse a seguir las carambolas del Moncho que era  un maestro con las tres bandas. Cuando de repente se hizo un silencio tan pesado como noche de verano. Fermín entró al boliche, se acodó en la barra, y a los gritos pidió una vuelta para todos exhibiendo impúdicamente un billete de los grandes en su mano derecha. La Renga, verde de rabia, quiso saber lo que había pasado y Fermín que le decía:

– ¡Gracias, hermano! ¡Me salvaste! Yo sabía que no era una joda, lo sabía… Y salió corriendo del boliche, no sin antes mostrarle a la Renga una billetera repleta de dinero que encontró tirada en el árbol, justamente en la esquina del café, en el lugar que él le indicara.

*** Daniel Omar Granda ***

QUIERO… [CAI DOWN ASTURIAS] [VICTORIA] (131)

Sé muy bien que es lo que quieres tú. Cuéntame, ¿qué es lo que puedo hacer? Nunca pensé: “Todo fue un error”.“Nacer, crecer…” Evité mi rendición.

Absurdo el silencio de mi soledad. Aferrarme a esta vida y ser como uno más.

Aún recuerdo. Hubo días que, sin faltar voluntad, hallé mi sitio, mi lugar. Hoy sólo me veo y, al despertar, los pasos de esta vida, perdidos en la oscuridad.

Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar. Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar.

Joaquín Rodríguez Arranz durante la grabación de un videoclip en los Estudios Triple A.
Fuente de la imagen

Rozando el silencio de mi soledad. Aferrarme a la vida y ser como uno más.

Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar. Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar.

Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar. Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar.

!!!Quierooo!!!

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* A Joaquín Rodríguez Arranz. A veces la integración se basa en cerrar los ojos y dar una mínima oportunidad sin saber a quién tienes delante.

DOLOR LLEVO DENTRO [VICTORIA] (130)

Cada segundo, morirá. Pasos perdidos buscan su final. Caduca la vida, ¿qué hice mal? Busco inquieto mi próximo rival.

Y siento. Ausencia que, al respirar, me deja ya sin aliento. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro. Ver como mis fuerzas se van y algo me va consumiendo. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro.

De nada sirve hoy claudicar. Pensar que pronto ésto acabará. Mi vida empieza a deshojar y sólo puedo dejarme llevar.

Y siento. Ausencia que, al respirar, me deja ya sin aliento. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro. Ver como mis fuerzas se van y algo me va consumiendo. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro.

Fuente de la imagen

De nada sirve hoy suplicar. Pedir una nueva oportunidad. El alma empieza a deshilar y sólo puedo dejarme llevar.

Y siento. Ausencia que, al respirar, me deja ya sin aliento. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro. Ver como mis fuerzas se van y algo me va consumiendo. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro.

Y siento. Ausencia que, al respirar, me deja ya sin aliento. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro. Ver como mis fuerzas se van y algo me va consumiendo. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro.

Ganando tiempo perdido…

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PERPETUA LUZ [VICTORIA] (129)

Directo voy hacia algo incierto que mis sueños quemará. Mi vida en un sólo momento, ante mis ojos, hoy, pasará. Juzgado a placer de este miedo. Derrotado y sin rival. El tormento de este anhelo, ahora locura, me impide luchar.

A lo lejos veo mi sitio. Las sombras cubren mi pedestal. Arrastrándome sin piedad a una luz  que me consumirá.

En verdad, no sé lo que has hecho tú por mi. En serio, no lo sé. Sed justos, escúchadme…

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Condenado a placer de unas manos que ya me atan sin dudar. Una pregunta algo inoportuna, sin palabras, me delatará.

A lo lejos veo mi sitio. Las sombras cubren mi pedestal. Arrastrándome sin piedad a una luz  que me consumirá.

Es hora de ahuyentar mis miedos y así voy dejándome llevar. La gloria es para unos pocos que reclaman en la eternidad.

A lo lejos veo mi sitio. Las sombras cubren mi pedestal. Arrastrándome sin piedad a una luz  que me consumirá.

En soledad, bajo un mismo techo, ahora ya nada queda por hacer. Fueron necios, negándome…

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MIS ALAS ROTAS [PRÓLOGO] (121)

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“Incluso con mis alas rotas he sabido mantenerme lejos de mi rendición porque, hasta mis pasos perdidos, saben encontrar de nuevo su final…”

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EN SILENCIO (119)

Dejaste de acariciarme y mis manos desataban tempestades. Olvidaste seguir queriéndome y mis heridas se desgarraban.

Hablabas de lo vivido rompiéndose la hermeticidad del silencio…

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Y, de un último suspiro, alardeabas con palabras, cuando los sueños se quebraban con la luz. Y, de un nuevo amanecer, enredabas con suspiros, lamentos que encadenan mi voz, porque desde mi cielo aún sigue siendo todo gris.

Paseabas entre la abundancia, retina triste de la inocencia, ventanas de tus ojos claros, hacia la estación de la prudencia.

Volabas con la audacia sigilosa de la temeridad…

Y, de un último suspiro, alardeabas con palabras, cuando los sueños se quebraban con la luz. Y, de un nuevo amanecer, enredabas con suspiros, lamentos que encadenan mi voz, porque desde mi cielo aún sigue siendo todo gris.

Envolviéndome entre el miedo…

Y, de un último suspiro, alardeabas con palabras, cuando los sueños se quebraban con la luz. Y, de un nuevo amanecer, enredabas con suspiros, lamentos que encadenan mi voz, porque desde mi cielo aún sigue siendo todo gris.

Cuando en el andén ya huele a oscuridad…

Y, de un último suspiro, alardeabas con palabras, cuando los sueños se quebraban con la luz. Y, de un nuevo amanecer, enredabas con suspiros, lamentos que encadenan mi voz, porque desde mi cielo aún sigue siendo todo gris.

Y, de un último suspiro, alardeabas con palabras, cuando los sueños se quebraban con la luz. Y, de un nuevo amanecer, enredabas con suspiros, lamentos que encadenan mi voz, porque desde mi cielo aún sigue siendo todo gris.

☠✔ 🅸🅲🅰🆁🅾 ©