EL EMBRUJO Y LA MAGIA DE ESA CASA (247)

Y quiero dejar constancia que no hablo de encantamientos superfluos ni de simple hechicería. Sólo hablo de la magia que habita esas paredes. Del misterio develado que se encierra tras su puerta cancel.

Una noche cualquiera, una de tantas, caminaba lentamente por las calles de la ciudad de Concepción del Uruguay hasta que mis huesos, distraídos, se toparon de repente con uno de esos misterios que encierra la noche. Una casona vieja y hechizada, parecía llamarme desde el interior. Me detuve un instante, observé su fachada y busqué aclarar algunas ideas. La enorme puerta de madera se hallaba entreabierta y entré. Desde el patio, una suave música de saxo melancólico, parecía flotar en la noche uruguayense. Era una bar y en su barra iluminada por cálidas luces, una hermosa morena de increíbles ojos negros,  releía una y mil veces el mínimo poema de Ernesto Cardenal:

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

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Respeté su silencio y me acomodé en la mesa que se hallaba en el otro extremo de la barra. Cada una de las habitaciones de la casona, parecían querer hablarme y contarme cosas que yo desconocía. Una agradable penumbra contagiaba de misterio cada ambiente. Era un hermoso lugar y tranquilo. Me distraje leyendo la carta de las pizzas que ofrecían, mientras una inquietante sensación me invadía lentamente. Pedí unas empanadas y una cerveza;  traté de comprender. Esas paredes me hablaban de los otros que ya no estaban o quizás,  de las cosas que habían sucedido entre esos muros.

Recorrí con la mirada la casona. Tres habitaciones interconectadas por arcadas, daban la sensación de un lugar amplio y familiar. En cada una de ellas, un conjunto de mesas y colores,  permitían a  ocasionales comensales disfrutar de un lugar de encuentro y a la vez, de cierta intimidad para las parejas que adornaban la casona. Realmente era perfecta y habían aprovechado muy  bien el espacio. Disfruté de unas buenas empanadas riojanas y otras de humita, para suavizar el picante; una cerveza bien helada era la perfecta compañera.

Misterio y embrujo eran dos razones fuertemente atrayentes para que empezara a indagar. Charlando con Jorge, supe que en el lugar antiguamente, habrían funcionado un Juzgado Correccional  y más tarde un jardín de infantes. Qué extraña paradoja que encerraba aquella casa. Era la amalgama perfecta de la historia. De la culpa a la inocencia y de allí, en un audaz salto del tiempo,  a la síntesis que proponía, la música y  un lugar del encuentro con el otro. Quizás eran esos los murmullos, inaudibles por el tiempo transcurrido, que yo lograba percibir. Probablemente se confundían en el tiempo. Se entreveraban.  Deambulaban mezclados,  por los muros de la casa.

Tal vez,  habrían quedado atrapados en las paredes. O tal vez, siempre estuvieron allí, esperándome. La culpa y la inocencia. La inocencia y la culpa.  Quizás ambas pujaban por salir a la superficie, vestidas con las ropas de otra realidad distinta. Más humana e imperfecta. Me levanté atraído por la puerta que daba sobre los fondos. Pedí permiso y me dejaron ver el enorme patio. Cuando abrieron esa puerta, el sonido a negritud de un saxo bien soplado,  resonó en un Spiritual. Jorge me explicó que, en temporada, presentan allí  a grupos musicales y a veces, algún que otro espectáculo teatral. Todos esos sonidos se mezclaron. Se mezcló la risa y el canto dolorido de los esclavos del Mississippi. Se mezcló lo absurdo de Ionesco con el canto dulce de una chamarra entrerriana. Un títere me explicó, que las cosas se suceden, pero no pasan. Que todos estaban allí, esperando que se encendieran las luces y la risa de las gentes. Que alegría y dolor, son la dos caras de una misma moneda. Que a veces, jugaban a la ronda con los chicos del jardín y que otras, presentían la condena de un reo que iría a la cárcel. Luz y sombra inseparables, necesarias. Intentando aceptar el concepto del tiempo. Inventando el espacio, desandando los vientos. Noche y día, secuencia interminable de la vida.  Pero… ¿Qué es la vida? Me pregunté.

Cerré la puerta con cuidado para no molestar a los duendes, saludé a Jorge y me fui. Y por eso hoy afirmo y quiero dejar constancia,  que no hablo de encantamientos superfluos ni de simple hechicería. Sólo hablo de la magia y del misterio que se encierran en esa casa.

*** Daniel Omar Granda ***

LA COSTERA, CON ALMA DE BANDONEÓN Y DE CHAMARRA (232)

Como trabajaba de cronista para el diario “La voz de la Histórica,” esa noche me tocó hacerle una nota a “La Costera”; y allí estaba contento como ternero en la teta. La queja del bandoneón se apoderó de la noche. Sin quererlo, cerré los ojos y el barrio del Abasto de Buenos Aires (donde nací), me apareció de repente. La barra de la esquina, los muchachos del café “La Esmeralda”, donde el gordo Aníbal Troilo caía con las primeras luces del día, a tomarse el último trago. El loquito infaltable de cualquier barrio de Buenos Aires, que se creía Gardel y que se vestía igualito imitándolo y cuando entraba en el café decía para todos los parroquianos: «Salú a la barra, que baten los chochamus…».

Cuántas noches de insomnio creativo. Allí aprendí la cruel filosofía de Enrique Santos Discépolo (Discepolín) de la “Biblia y el calefón”, de la ternura cruel y del amor ausente; aprendí de la amistad sin grupo y también, de las pilas secas de todos los timbres que vos apretás. Allí empecé a amar al tango. A sentirlo para que la gran ciudad no te aplaste. Recuerdo las palabras del poeta mendocino, Armando Tejada Gómez, que decía en su «Muchacho en setiembre»: …” Andar de rigurosa adolescencia, como buscando qué, que no he perdido…” […] A veces, me siento ese muchacho. Otras, siento el peso de los siglos de una vida intensamente vivida. Y algunas otras, como hoy, me dejo llevar por la quejumbre de un fuelle que suena como los dioses, en una parrilla-restaurante de Concepción del Uruguay llamada “La Costera” y que lamentablemente ya se la comió el olvido y desapareció junto a la nostalgia de aquellos tiempos.

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Cuando entré, estaba tocando la típica “Yumba Cuatro”, una orquesta de aquellas que ya no se ven y que según supe, era tradicional en la zona. El bandoneón de Rubén Crosignani arrancó con los primeros compases de “Tinta Roja” y  sobre el pucho; el «Chileno» (que no es chileno), Carlos Assín lo secundó con la guitarra eléctrica y para no quedarse atrás, Rodolfo Guidoni con el contrabajo; le sirvió de contrapunto preparando el terreno para que entrara el cantor del grupo: Reno Crosignani quién me dedicó (como porteño) amablemente ese tema. Y después: “El motivo”; “La abandoné y no sabía”; “Más sólo que nunca”; “De igual a igual”; y como broche de oro: “Cuesta abajo”.

Al terminar con la primer entrada, nos sentamos todos juntos en una mesa amablemente tendida por su dueño, Don Ricardo Dupin, quién nos prometió un asado de rompe y raja, y no falló. Para empezar a despuntar el vicio, como los muchachos tenían que seguir actuando, solo tomamos “algunas” botellas de un buen borgoña cojonudo. Como formamos una mesa grande, casi tanto como las ganas que le pone Ricardo a la defensa y la difusión de la música nuestra, hubo algunos comensales que no se prendieron en el asado. Pedro “Chamamé Larroque” prefirió una suprema de pollo a la napolitana y su compañero, Coco Serrano, se entusiasmó con un pesceto al vino, con una salsita de cebollas y vino, que era un espectáculo aparte. Al resto nos castigaron con un asado flor y truco, que Ricardo fue trayendo de a poco, desde el asador, para que no se nos enfriara. Qué decir y cómo describir una de las comidas más populares de la Argentina: Un asado de primera y la hermosa compañía de la gente que ama el canto y las cosas nuestras.

A los postres, flanes caseros y copas heladas, Ricardo nos leyó una carta que le había enviado, la semana anterior, el Gobernador de la Provincia de Entre Ríos, con motivo de cumplirse el 14 aniversario de la parrilla. Entre otros conceptos decía: …” Que la Costera, es una bandera en alto de la música nacional, encuentro de amigos y sobre todo, festejo del amor entre los seres humanos…” Aplausos cerrados y de inmediato, alguien pegó el grito, pidiendo a los musiqueros y se armó el bailongo.  El conjunto de Pedro “Chamamé Larroque”, con su acordeón de tres hileras, secundado por la guitarra del “Chileno” y el bajo de Coco Serrano, arrancó sin más trámite con el típico chamamé correntino: “Kilometro 11”, de don Tránsito Cocomarola. Y las parejas, deseosas de hacer galas de sus amplios conocimientos en estas lides, no se hicieron esperar y se adueñaron de la pista de baile. Después de haber aceptado el convite y bailar un par de chamarras dulzonas, y algún que otro paso doble también; enfile para la puerta de salida, despidiéndome de todos como aquel loquito de mi viejo barrio: «Salú a la barra y hasta la vuelta»… Entonces llegó el momento de trabajar y escribir estas notas que debía llevar a la redacción, para el diario de la edición de mañana.

*** Daniel Omar Granda ***

CANSADA (166)

!Qué cansada estoy, qué harta de todo!. ¿Vendrás? ¿Serás capaz? Házmelo saber del modo más original. Si eres capaz de encontrarme con tus letras, yo  iré a buscarte con mi pensamiento y te encontraré dondequiera que estés. Aún tengo fuerzas pese a tanta mediocridad, aún me siento capaz de intentar algo distinto, aún sé lo que siento, aún no han logrado hipnotizarme con tanta publicidad. Yo no les hablo porque me molesta incluso verlos, no les digo lo que siento porque sé que no pueden sentir y por eso hay que callar.

Espero tu señal, si me la das yo seré tu silencio, lágrima última y feliz de tu mirada aún fresca. Seré tu imaginación de niño. Eres el único capaz de lograr que vuelva a sentir algo. Te diré las frases más bonitas, te contaré historias lejanas, crearé las mejores noches de amor que hayas vivido, profundas, largas. Tú y yo, sin cesar…

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!Vente conmigo, vente! Aún es posible soñar…

Quiero algo más, quiero algo más de lo que nunca tuve y siempre di. Quiero a alguien que al despertar esté a mi lado, que en un local abarrotado me abrace y me haga olvidar a la gente, alguien que en medio del ruido me susurre secretos al oído, con quien mirar a la nada y ver el infinito. Que sus abrazos me hagan desaparecer, a mi y a mis problemas, que me hagan sentir segura, protegida. Que fuera incapaz de  hacerme daño nunca y que lo daría todo por mi. ¿Es tan difícil? Creo que si.

Que nunca más me sintiera como un objeto vacío, al que estás orgulloso de exhibir cuando hay visitas, pero al que no miras cuando estás a solas. Un orgullo de posesión pero con quien te es indiferente estar, de vez en cuando te diviertes  con él pero cuando piensas en un futuro, en cosas importantes, lo relegas a un segundo plano. Cosas de las que presumir, qué triste.

*[- Lathgertha -]*

SIGUE MIS PASOS… [EDEN] (150)

Música: Cristian Iglesias / Letra: Miguel Granda

Si. Te dedicas a esconder tras un cristal… Angosto caminar, a través, la eternidad.

Mueres, díme a dónde vas. Haces de tu destino, migas. Viejas alas vuelan sobre el mar. Sentado en un rincón, sigues en esta tempestad, sin mi.

Sé que me verás ceder en sueño eterno y es que no pretendo estar siempre en tu vida. Si hoy lágrimas de amor sabrán a derrota y miel. Podré caer. De nuevo vuelvo a ser oportunidad.

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Reinventando otra vez mil maneras de olvidar. Injusta libertad reescrita en un papel. Sufres, miedo y soledad. Se estremece mi alma.

Sé que me verás ceder en sueño eterno y es que no pretendo estar siempre en tu vida. Si hoy lágrimas de amor sabrán a derrota y miel. Podré caer. De nuevo vuelvo a ser oportunidad.

Sé que me verás ceder en sueño eterno y es que no pretendo estar siempre en tu vida. Si hoy lágrimas de amor sabrán a derrota y miel. Podré caer. De nuevo vuelvo a ser oportunidad.

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OTRA OPORTUNIDAD [EDEN] (146)

Música: Javier Díaz / Letra: Miguel Granda

Abre bien ojos, verás cerca el mar. Mirada perdida y algo que olvidar. Los recuerdos del pasado van quedando atrás. Cierra el libro de los sueños, se acerca el final.

Si buscas en tu interior hay tiempo para volver a empezar. Lo que primero que ves al despertar es que aún quedan muchas bocas que callar. Tan cerca y tan lejos que busco en mis sueños, entre esta calma y tu tempestad.

Al abrigo del pasado que has dejado escapar, llevas por equipaje un sueño, nada más.

Si buscas en tu interior hay tiempo para volver a empezar. Lo que primero que ves al despertar es que aún quedan muchas bocas que callar. Tan cerca y tan lejos que busco en mis sueños, entre esta calma y tu tempestad.

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Frágiles gotas de lluvia caerán y traerán consigo otra oportunidad…

Si buscas en tu interior hay tiempo para volver a empezar. Lo que primero que ves al despertar es que aún quedan muchas bocas que callar. Tan cerca y tan lejos que busco en mis sueños, entre esta calma y tu tempestad.

Lo que primero que ves al despertar es que aún quedan muchas bocas que callar. Tan cerca y tan lejos que busco en mis sueños, entre esta calma y tu tempestad.

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*A María de Mar Antuña Cotarelo. Si la vida te da otra oportunidad, agarra con fuerza las riendas que todo vuelve a comenzar. Abre bien los ojos, todo está ante ti…

TIBIA LUZ EN LA OSCURIDAD (140)

La distancia ahuyente mi vida. El olvido dignifica mi querer. ¿Porqué llorar cada mañana? Perdón, no te supe corresponder. Cada palabra es inquieta. Cada rayo es de esperanza. Luz fugaz que cruza el camino. Sólido y cristalino manantial.

Agua, transparencia universal. Cada segundo, mil lágrimas. Cada año, un espíritu terrenal. Evidencias para quien tiene dudas. Paz interior para mi oscuridad. Ahoga mis penas en tu delirio. Sombras que intento atrapar.

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Desdicha de los cobardes. Sueño de los etéreos. Rebaño de fieles secretos. Tibia luz de mi soledad. Refugio de la ausencia. Escondite de mi verdad. Noche que atrapa a la noche. Reflejo de la eternidad.

Hablas de lo que sabes. Escuchas sabiendo de qué. Orgullo de los presentes. Camino de la sencillez. Destellos de la tristeza. Flores de la pasión. Silencio en los alrededores. Butaca de la última función.

Flirteo entre los años que pasan sin compasión. Hoy eres todo gloria. Divina comedia de amor. Estrella que se apaga. Mueca de una sonrisa. Tibia luz de madrugada. Desdicha, polvo y ceniza.

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QUIERO… [CAI DOWN ASTURIAS] [VICTORIA] (131)

Sé muy bien que es lo que quieres tú. Cuéntame, ¿qué es lo que puedo hacer? Nunca pensé: “Todo fue un error”.“Nacer, crecer…” Evité mi rendición.

Absurdo el silencio de mi soledad. Aferrarme a esta vida y ser como uno más.

Aún recuerdo. Hubo días que, sin faltar voluntad, hallé mi sitio, mi lugar. Hoy sólo me veo y, al despertar, los pasos de esta vida, perdidos en la oscuridad.

Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar. Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar.

Joaquín Rodríguez Arranz durante la grabación de un videoclip en los Estudios Triple A.
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Rozando el silencio de mi soledad. Aferrarme a la vida y ser como uno más.

Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar. Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar.

Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar. Puedo sentir, puedo soñar, despertar contigo aquí. Poderte velar. Detener el tiempo así y juntos volver a empezar.

!!!Quierooo!!!

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* A Joaquín Rodríguez Arranz. A veces la integración se basa en cerrar los ojos y dar una mínima oportunidad sin saber a quién tienes delante.

DOLOR LLEVO DENTRO [VICTORIA] (130)

Cada segundo, morirá. Pasos perdidos buscan su final. Caduca la vida, ¿qué hice mal? Busco inquieto mi próximo rival.

Y siento. Ausencia que, al respirar, me deja ya sin aliento. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro. Ver como mis fuerzas se van y algo me va consumiendo. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro.

De nada sirve hoy claudicar. Pensar que pronto ésto acabará. Mi vida empieza a deshojar y sólo puedo dejarme llevar.

Y siento. Ausencia que, al respirar, me deja ya sin aliento. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro. Ver como mis fuerzas se van y algo me va consumiendo. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro.

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De nada sirve hoy suplicar. Pedir una nueva oportunidad. El alma empieza a deshilar y sólo puedo dejarme llevar.

Y siento. Ausencia que, al respirar, me deja ya sin aliento. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro. Ver como mis fuerzas se van y algo me va consumiendo. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro.

Y siento. Ausencia que, al respirar, me deja ya sin aliento. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro. Ver como mis fuerzas se van y algo me va consumiendo. Nada es por casualidad. Sólo dolor llevo dentro.

Ganando tiempo perdido…

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PERPETUA LUZ [VICTORIA] (129)

Directo voy hacia algo incierto que mis sueños quemará. Mi vida en un sólo momento, ante mis ojos, hoy, pasará. Juzgado a placer de este miedo. Derrotado y sin rival. El tormento de este anhelo, ahora locura, me impide luchar.

A lo lejos veo mi sitio. Las sombras cubren mi pedestal. Arrastrándome sin piedad a una luz  que me consumirá.

En verdad, no sé lo que has hecho tú por mi. En serio, no lo sé. Sed justos, escúchadme…

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Condenado a placer de unas manos que ya me atan sin dudar. Una pregunta algo inoportuna, sin palabras, me delatará.

A lo lejos veo mi sitio. Las sombras cubren mi pedestal. Arrastrándome sin piedad a una luz  que me consumirá.

Es hora de ahuyentar mis miedos y así voy dejándome llevar. La gloria es para unos pocos que reclaman en la eternidad.

A lo lejos veo mi sitio. Las sombras cubren mi pedestal. Arrastrándome sin piedad a una luz  que me consumirá.

En soledad, bajo un mismo techo, ahora ya nada queda por hacer. Fueron necios, negándome…

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EL ANGEL CAÍDO [EXILTIME] (128)

Soy el dolor que infunde el miedo. La ténue luz de este silencio te quema por dentro. Sólo a mi Dios guardo respeto de ser en vida algo incierto. He muerto por ellos.

Soy más audaz de lo que pensabas con el batir de mis viejas alas. Yacían cansadas. Sólo mi voz arrulla al viento. Cada palabra se hace aliento y caigo de nuevo.

Soy montaña de un grano de arena. Mi piel, reseca. Mi alma, en pena. Bendita condena. Sólo miradas que partan el alma, con las primeras luces del alba, se hacen amargas.

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Soy la piedra que forja el destino. El que aniquila al ángel caído. Destruyo su nido. Sólo es aprecio si haces camino. Leyenda errante del mundo, amigo. Deseo cumplido.

Soy la ceguera de tus ojos tristes. La llama eterna que no te olvide. Mueres o vives. Seré la sed que sacie tu cuerpo, que se alimenta de ese miedo que sigue quemando por dentro…

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* A Jonathan Rosado Rancaño, uno de esos grandes amigos que se cuentan con los dedos de una mano. Incansable luchador abatido por la leucemia (09/09/2001).