LOS ABEJORROS (223)

Caigo otra vez,
inevitablemente,
por laberintos de sombras
y hundo la cabeza
en esta especie de miel
que me empalaga,
y  me ahoga.

Desciendo celda
a celda
por un panel interminable
y redondo,
donde no existen caminos
ni sendas
ni senderos siquiera.

Sólo los abejorros.

En realidad,
no veo a los abejorros,
apenas veo
el culo
de lo que supongo
abejorros
y que hunden sus cabezas
en cada sórdida celda
que habitan
zumbando a buen ritmo
una canción:
interminable
monótona
aterradora.

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Confusas letanías
de soledades y muerte
me dejan sin aliento
aterrado
y entonces;
pretendo escapar y mis alas
¿mis alas?
se mueven furiosas
sobre los costados
de mi vencido cuerpo
y ese sonido zumbón
que surge de ellas
me suma al coro
y a esa canción:

interminable

monótona

aterradora.

*** Daniel Omar Granda ***

LA SOMBRA DE LIOVA (209)

Federico sintió como un cachetazo el desamparo de ese lugar mientras que Aarón, solidario, se retrajo de inmediato en las imágenes de su propia pobreza. La sombra de Liova era cada vez más evidente. Cuanto más cerca estaban de conocer el final de aquel pobre viejo, sentían que se alejaban de las verdaderas razones que pudieron haberlo llevado a desaparecer de esa manera.

Liova era uno de esos seres queribles sin demasiados esfuerzos. No porque en él fuera todo inocencia o culpa reprimida, sino por su destino de soledad. En su azarosa vida sobrevivió a los oficios más disparatados, hasta navegar por los mares del mundo en su época de mayor gloria. Ferroviario, canillita, ciruja, cartonero, panadero, raschín, estibador, marinero de agua dulce y sobre el final, otra vez volvió a mirar la vida desde los zapatos ajenos, haciéndolos brillar mientras silbaba aquella vieja mazurca. Liova era parte del paisaje portuario del Dock Sud. Fuera del tiempo que estuvo embarcado, vivió el resto de sus días al amparo de los muelles y de su mala estrella. Es cierto que alguna vez fue feliz bajo el embrujo de los techos de chapa del conventillo, en donde ahora, Federico y Aarón buscaban una respuesta.

Los chicos del barrio lo amaban sin condiciones. Se reunían al atardecer, bajo la parra del patio interior, para escuchar sus historias de guerras y mares lejanos que  encendían el fuego de la aventura en sus cabecitas enmarañadas. Liova disfrutaba a rabiar del brillo asombrado de ese mar de ojos navegando en mocos desparramados con la manga de la camisa, mientras intentaban descubrir si el Viejo les mentía. Otras veces, simplemente se dejaban atrapar por ese mundo de fábulas que les tejía. Era un juego casi sacro el que jugaban; Liova y los chicos que tarde a tarde lo rodeaban.

Cuando el viejo detenía a propósito su relato, jugando con la ansiedad del auditorio, sentía la respiración agitada pero apenas perceptible de los muchachos que esperaban, pacientemente, su inevitable descanso para retomar el hilo de la historia. Entonces, Liova, los miraba suavemente desde sus blandos ojos azules y sin prisas, como recordando detalles imprescindibles para el cuento que recién parecía recordar, retomaba el hilo de la narración deliberadamente interrumpida. Más de una vez su silencio tardaba demasiado y algún mocoso carraspeaba ostentosamente, increpándolo con un…

– ¿Y, don…?.

Liova aceptaba el juego y les decía:

– ¡Ya va, ya va…, no me apuren si me quieren sacar bueno!.

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Este ritual vespertino duró exactamente hasta aquella tarde en que vino el nuevo. Era un chico como los otros, casi un calco. Pantalones rotos en las rodillas, camisa remendada, zapatillas desflecadas de tanto andar pateando latas y miseria. Igual, excepto en la mirada. Rubio ceniciento y de ojos muy azules como Liova. Hablaba poco; o mejor dicho, nada. Era nuevo en el barrio y decían que vivía con su mamá en la villa nueva, detrás de la canchita. En las mañanas, muy temprano, se lo veía por la avenida repartiendo los diarios del quiosco de don Pepe. A veces, aprovechaba el rojo de los semáforos y pedía alguna que otra moneda. Un hijo más de la calle y la pobreza.

Había quienes afirmaban que venían de la villa 31, de Retiro, y que su mamá estaba muy enferma. Quizás, el Viejo sospechó algo, le preguntó su nombre y se quedó en silencio. Cuando todos se fueron, Liova retuvo al Rusito un rato más y después, sin decir nada, lo acompañó hasta su casilla.

Al día siguiente, al atardecer, el Viejo faltó a la cita y nadie lo había visto por el conventillo. Le preguntaron a los vecinos pero nada. Al otro día, los chicos siguieron con el mismo ritual. Y al otro, y al otro. Se lo había tragado la tierra. Lo buscaron por todos lados, pero ninguno les supo dar alguna pista. Desapareció de repente. Era un misterio casi tan increíble como sus propias historias.

Es por eso que Federico y Aarón forzaron la puerta de chapa y entraron a la pieza del Viejo. Querían saber. La primera impresión fue de respeto por sus cosas. En su humilde ropero, colgaba aquella raída chaqueta azul donde aún se podía ver el nombre del último carguero que lo llevó en sus entrañas. Un  sobretodo gris del ferrocarril y un par de camisetas de abrigo eran todas sus pertenencias.

Sobre la cama, sin desarmar, un poncho desflecado hablaba de su paso por la pampa conchabado en alguna estancia para todo servicio. En la humilde mesa de madera, el primus, un par de ollitas sin las tapas y la pava con el mate extrañando su presencia. No era mucho. Lo único que les llamó la atención, fue la caja de zapatos atada con una cinta que alguna vez fue roja. Adentro, los recortes de algún diario y un manojo de viejas fotos manoseadas hasta el cansancio. Entonces entendieron.

En una foto amarilla por el tiempo, se podía ver a Liova sonriente abrazado a una muchacha tiernamente. En sus brazos, una niña rubia con trencitas, había heredado el azul intenso de sus ojos a juzgar por lo claro del retrato. Quizás era la misma que se estaba muriendo en la villa nueva, detrás de la canchita.

El Rusito tomó al abuelo de la mano mientras Liova le contaba, otra vez,  de las luchas pasadas en aquel San Petersburgo lejano. 

*** Daniel Omar Granda ***

GRACIAS (189)

Gracias porque me hiciste fuerte. Me hice fuerte al levantar mi peso día a día al caer, una y otra vez. Ante ti, ante tus recuerdos.

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Gracias a mi estupidez, ante mi, perpleja…

No tengo solución, pero si fuerza para aceptar los errores y darles la vuelta, para tratarlos como oportunidades, para ser feliz.

+*+ By SHARONA +*+

VIVO, LENTAMENTE MUERO [VERSIÓN ORIGINAL] (171)

Dichosa tu nueva vida que se encierra tras un cristal. Angosto es el camino que nos arrastra a la eternidad. Estrella de la fortuna nunca dejes de brillar…

Creo en el vil fracaso y no en otra oportunidad. Todo un acierto, sin saber cuál es la verdad. Si mueres, no te vayas sin decirme a dónde vas…

Dedico mi tiempo a escribir frases de perdón y a reinventar mil maneras de olvidar, a deleitarme con recuerdos de nosotros dos, aún me quedan piedras con las que tropezar.

…Y me verás llorar, dibujando y dibujando sobre un papel, esbozos que imitan a un corazón. Palabras de amor tatuadas de mujer. De nuevo me verás caer…

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A veces, descuelgo mis alas y vuelo a ras del mar. Los muros de este sueño puedo atravesar. Vivo y lentamente muero, sabiendo cuál es mi final.

Las palabras son relatos de mi injusta libertad. Llegamos a la última función. Sesión de butacas vacías. Aquí arriba soy el único actor interpretando oportunidades perdidas…

…Y me verás llorar, dibujando y dibujando sobre un papel, esbozos que imitan a un corazón. Palabras de amor tatuadas de mujer.

Y me verás llorar, dibujando y dibujando sobre un papel, esbozos que imitan a un corazón. Palabras de amor tatuadas de mujer.

De nuevo me verás caer…

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VIVO, LENTAMENTE MUERO [VERSIÓN 2] (170)

Si dedicas tu nueva vida a encerrarte tras un cristal. Andar este angosto camino sólo te arrastra a la eternidad. Si mueres, no te olvides de decirme a dónde vas…

Si crees en el cruel destino esperando otra oportunidad. Si despliegas tus viejas alas y vuelas acariciando el mar. Si la estrella de la fortuna hoy dejase de brillar…

Fuente de la imagen

Dedicado a escribir frases de perdón, reinventando mil maneras de olvidar. La última sesión de butacas vacías. ¿Vivo o muero? ¿Es éste mi final?

Lloraré y lloraré en un lejano rincón. Caricias, esbozos que imitan a un corazón. Palabras de amor… Escribiré y escribiré sobre un papel. Caricias, esbozos que imitan a un corazón. Lágrimas de amor, sabor a derrota y a miel. De nuevo, me verás caer…

*ICARO

VIVO, LENTAMENTE MUERO [VERSIÓN 3] (169)

Si dedicas tu nueva vida a esconderte tras un cristal. Si andar este angosto camino, sólo, te arrastras a la eternidad. Si mueres, no te olvides de decirme a dónde vas…

Si haces migas con el destino esperando otra oportunidad. Si descuelgas tus viejas alas y vuelas a ras del mar. Si tu estrella de la fortuna hoy dejase de brillar…

Lloraré y lloraré, en un lejano rincón… Caricias, esbozos que imitan a un corazón, palabras de amor… Escribiré y escribiré, en un trozo de papel… Caricias, esbozos que imitan a un corazón, lágrimas de amor, sabor a derrota y a miel. De nuevo me verás caer…

Fuente de la imagen

Sigues vivo, pero lentamente mueres ajeno siempre a esta tempestad. Si te dedicas a escribir frases de perdón y a reinventar mil maneras de olvidar.

Lloraré y lloraré, en un lejano rincón… Caricias, esbozos que imitan a un corazón, palabras de amor… Escribiré y escribiré, en un trozo de papel… Caricias, esbozos que imitan a un corazón, lágrimas de amor, sabor a derrota y a miel. De nuevo me verás caer…

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EL UMBRAL DE MI SOLEDAD (135)

Sombras que adornan tu vida, letargo de la oscuridad, antesala a los sueños, refugio de mi libertad. No te hablo del pasado, de lo que queda atrás. Nuevos pasos, viejas glorias, perseguidas sin cesar. Te hablo de lo vivido, de amor y fidelidad. Retablo del olvido, umbral de mi soledad.

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Fragmentos de mi vida que se van al pestañear. Silencio, extinto de poesía, camino de la eternidad. No hablo de lo pasado, de lo que dejas atrás. Nuevas glorias, viejos pasos, que se dejan atrapar. Sólo hablo de lo vivido, muestras de sinceridad. Retablo del olvido, umbral de mi soledad.

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JAULA DE HUESOS [EDEN] (115)

He llegado a una encrucijada y me confunden los caminos. Arrastrándome sin pudor a un paraíso perdido. No han cumplido con su honor, negándome promesas, pero tienen el perdón de su Dios.

Son cenizas de lo que ahora soy…

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Soy esclavo de un ayer. La luz sombría del rey. Sangre de tu sangre. Tú me guiarás. Dibujante de sonrisas. Un tejedor de sueños. Nunca encerrarán mi libertad.

Hice romper las leyes que protegen su ciudad. Temblaron los cimientos que alzaban su altar. Soñando pensé que nada en el mundo me haría callar y acabé siendo hundido por ellos, que dirigen mi realidad.

Encierran mi vida en una jaula de huesos…

Soy esclavo de un ayer. La luz sombría del rey. Sangre de tu sangre. Tú me guiarás. Dibujante de sonrisas. Un tejedor de sueños. Nunca encerrarán mi libertad.

Empezó acabando mi vida cuando naufragó el dolor. Llevado donde no pude oir más que mi propia voz. Drenan esperanza mis venas que fueron cauce seco. Resisto al tiempo que mi destino pronto llegará a su fin.

Mi camino lo marcan hoy sólo mis pies…

Encierran mi vida en una jaula de huesos. Soy esclavo de un ayer. La luz sombría del rey. Sangre de tu sangre. Tú me guiarás. Dibujante de sonrisas. Un tejedor de sueños. Nunca encerrarán mi libertad.

Ahogaron mis sueños, mis sentimientos...

Encierran mi vida en una jaula de huesos. Soy esclavo de un ayer. La luz sombría del rey. Sangre de tu sangre. Tú me guiarás. Dibujante de sonrisas. Un tejedor de sueños. Nunca encerrarán mi libertad…

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VIVO, LENTAMENTE MUERO [VERSIÓN 4] (113)

Dichosa mi nueva vida aislada tras un cristal. Angosto camino que nos arrastra hacia la eternidad. Frenético y absurdo silencio, buscando una triste oportunidad. Bendita estrella de la fortuna nunca dejes de brillar para mi.

Dedico mi tiempo a escribir frases de perdón y a recolectar mil maneras de olvidar. Me mantengo vivo y hasta se me olvida respirar. Si mueres, no te olvides de decirme a dónde vas.

Y me verás, dibujar y dibujar sobre un papel, esbozos que imitan a un corazón, palabras de amor con esencia de mujer. De nuevo me verás caer.

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A veces, descuelgo mis alas y vuelo a ras del mar. Ruego a la luz no dejarme atrapar por la oscuridad. El pasado se vuelve contra mi como una dura tempestad. Qué difícil es tenerte ahí, tan cerca, y no poderte tocar.

Y me verás, dibujar y dibujar sobre un papel, esbozos que imitan a un corazón, palabras de amor con esencia de mujer. De nuevo me verás caer.

Me sumerjo en mi memoria y comienzo a recordar qué ha sido de mis principios que no han sabido valorar. Tímida estrategia que vale algo más. Vivo y lentamente muero si me vuelvo a enamorar. Quién despista a mi destino si no es este mi final.

Y me verás, dibujar y dibujar sobre un papel, esbozos que imitan a un corazón, palabras de amor con esencia de mujer. De nuevo me verás caer.

Y me verás, dibujar y dibujar sobre un papel, esbozos que imitan a un corazón, palabras de amor con esencia de mujer. De nuevo me verás caer.

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EL OLVIDO SE VUELVE CAMINO (106)

¿Quién nos dicta el camino a seguir? Hay un largo trayecto hacia la eternidad y no conviene entretenerse. No siempre el camino más corto es el mejor.

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Buscamos el que nos haga mejorar como personas, el que nos devuelva la ilusión y la felicidad. Esa felicidad tejida a base giros del destino, construída sobre una base fuerte de sentimientos y nutrida por una ilusión diaria.

Una ilusión que vamos creando nosotros mismos, a base de esfuerzo y tesón, con las pocas fuerzas que nos van quedando, cuando ya hemos dado todo por perdido.


Muchos son los que se van quedando atrás…


Buscaba la forma de desaparecer por completo pero no encontraba lugar donde esconderme. Desaparecí sin dar explicación a los que me rodeaban, a los que me apoyaban, desde que se quebraron mis alas.

Esperaba algo mejor del porvenir desde hacía ya mucho tiempo. Volví a equivocarme, mi fe ciega me jugó otra mala pasada. Pasaba los días aislado del mundo exterior.

No buscaba refugio en ningún sitio, sólo pensaba evadirme de la realidad por un instante y volver cuando las cosas se hubiesen calmado, con la esperanza de que se arreglasen, cuando la calma entrase en escena.


Tenía la esperanza de que, de alguna manera, todo volviese a empezar de nuevo. Lo que meses atrás me pareció estar inmerso en un sueño, estas semanas, me destrozaban el alma. Mis alas cesaban en su batir inútil por mantenerme en lo más alto y caí.


Cuando el camino empezaba a desviarse, la ausencia se alimentaba de ese odioso olvido y, el olvido, se volvía camino otra vez. Cuando la niebla que nublaba mis ojos desaparezca, todo ésto terminará y volverán a florecer de nuevo los sueños. Más sueños e ilusiones que nunca.


Cuando caiga la venda que me cubre los ojos, será el comienzo de una nueva y ansiada vida, que me hará sentirme vivo de nuevo, marcándome mi camino y, siempre mirando hacia adelante, no dejándome echar la vista atrás.

Alguien dijo una vez que no podemos escapar de nuestro destino, que el mundo iba a dar tantas vueltas como fuese necesario, tan solo para vernos caer, para vernos hincar en tierra nuestras rodillas.


Al menos, una vuelta más ha de dar el mundo si quiere verme desfallecer. Ella, también dijo una vez que los días irían sucediéndose unos a otros, que ansiaba la llegada de la noche para encontrarme en sus sueños, para contemplar la belleza de mis dulces ojos.

Deleitarse escuchando el encantador sonido de mi voz, para sentir el cautivador roce de mis manos.

Hoy, doy por hecho que sus palabras no sirvieron de nada, que terceras personas se llevaron lo mejor de mi vida. Me arrebataron mi sueño, me cortaron las alas y echaron sal en mis heridas.

Pronto, pronto crecerán de nuevo mis alas y podré remontar el vuelo. Libre, podré volar libre y, desde mi cielo gris, ver como ella, quien me hizo sentir, quien me cautivó, quien cuidó de mi con dulzura, es feliz, aunque no sea en mis brazos.

También alzo la vista y ya no veo esperanza alguna. Todas las noches vuelvo a ser el ángel caído, aguardando el día en que volvamos a encontrarnos vagando en la oscuridad hasta que desaparezcamos en ese tumulto de desdichados fantasmas que, por una vez en la vida, nos recuerden lo que una vez fuimos, un mismo corazón.

Tampoco acabó como acaban las historias, porque de amor no muero, porque, cuando todo acabe, empezará otro camino. A ti si que no te olvidaré, porque te lo he prometido.

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